La divina garza

David Galicia Sánchez

México DF, 1987. Estudia Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Trabajó como reportero comunitario en el colectivo “El Coyote Itinerante” y como redactor para el portal Una Fuente. Ha colaborado en el Observatorio Ciudadano de Medios Electrónicos y en el programa El Fin Justifica a los Medios, de Radio Educación. Actualmente colabora para la Agencia Estudiantil de Noticias Universitarias de la UNAM.

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La primera vez que vi a Lydia Cacho fue cuando entraba al edificio de una revista de circulación nacional. Una voz al interior preguntó quién era y ella respondió con toda naturalidad: “soy yo, Lydia Cacho”. El nombre pesa. Sin más la puerta se abrió y ella caminó con naturalidad. Saludó amable a la recepcionista y a quien esperaba en la sala. Se enfiló hacia las escaleras mirando de frente, nunca de lado. Advertí que la periodista no está peleada con la persona y entonces recordé que hay dos cosas que me fastidian: las agresiones a comunicadores y el ego de éstos.
No se piense que soy un resentido ni mucho menos, puesto que me estoy formando en el oficio, sucede que en mi corta experiencia he visto a más de un compañero universitario despegar del suelo y perderse entre las nubes. Allá en las alturas, la divina garza pierde su razón de ser cuando algunos comunicadores en ciernes se dejan embriagar por las mieles del glamur mediático y sucumben a las delicias del charolazo, que practican sin pudor en antros, ministerios públicos y hasta en encuentros casuales, gracias a que han logrado colocarse en alguna empresa dedicada a la comunicación.
Mis compañeros aún no comprenden el verdadero valor de una profesión que nace y persiste en los otros, ya que es en las acciones de los otros donde encontramos la materia prima de nuestra actividad.
Los comunicadores no somos protagonistas, tampoco meros espectadores, pero nunca debemos olvidar que, a quien servimos en primera instancia, es a la sociedad que nos provee de información.
Contar historias a través de un medio es una posibilidad que tenemos gracias a la confianza de la gente. No representa ningún poder y mucho menos un motivo para ensalzar nuestro ego. Para hacerse de historias es preciso adoptar una actitud humilde, que no sumisa, sin alardes ni prepotencia.
Sirvan estos apuntes para que mis compañeros que viven en las alturas bajen al suelo a ejercer su oficio. Aquí, en tierra, se les necesita más.


6 comentarios

  1. Heber Pérez agrega este comentario | Permalink

    Una de las lecturas mas atinadas que he leido.

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  2. rodrigo bazán agrega este comentario | Permalink

    David:
    Yo también tengo “compañeros [que] aún no comprenden el verdadero valor de una profesión que nace y persiste en los otros”, manque sean profesores universitarios!
    Manten esa claridad, a ratos es lo único que nos permite seguir adelante
    Saludos

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  3. Camila agrega este comentario | Permalink

    Muy acertado comentario, coincido con él.

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  4. vanessa agrega este comentario | Permalink

    Muy buen texto. Felicitaciones al autor.

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  5. Raymundo Alva H- agrega este comentario | Permalink

    Hey, muy buen planteamiento. Coincido contigo totalmente en la idea. El periodismo debería cumplir con esa función social y no ser sólo una pasarela y un escenario teatral. Y felicitaciones, una grata sorpresa encontrarte aquí. Saludos y buena suerte.

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  6. Amparo Trejo agrega este comentario | Permalink

    Gracias por tu claridad y por tu franqueza….

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