La vi junto al parque donde nos citamos hace doce años. Sus pupilas conservan el hondo negro que me perdía entonces.
Me gustó como me gustaba pero es una mujer nueva y ajena: ella de sí y no “la mía” en cualquier caso.
“Ojos: ventana del alma” parece un lugar común y, como tal, resulta idiota. Ayer los suyos mostraban sin embargo (como imagino que harán los míos) doce años en que la vida le ha dado vueltas (como hizo conmigo). Y entonces contar esto adquiere sentido pues en realidad no importa que ella sea un amor antiguo: buscamos la mirada del otro para pedir que nos vea y así nos acompañe a observar sin miedo nuestra propia alma. ¿Refrán corregido? Tu pupila negra, reflejo de mi alma.


¿Qué puedo hacer?