Creo que más allá de una cuestión estética y de una amenaza directa en contra de nuestro sex appeal, lo que más nos desagrada de la idea de perder el cabello es que la calvicie es una de las manifestaciones físicas más gráficas de lo irrecuperable; es uno de nuestros primeros encuentros con la pérdida tangible –si no tomamos en cuenta los dientes de leche– relacionada directamente a nuestra persona y una clara indicación de nuestro descenso irremediable hacia eso que fuimos antes de ser. Por eso es que cada vez que el insomnio me pone frente a un infomercial tengo la sensación de que la inmortalidad está a tan sólo 299 pesos de distancia.
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Más allá de argumentos “viriles” (tipo: los calvos lo somos porque producimos más testosterona), el asunto me parece de orgullo por lo hecho y lo que se ha sido… una suerte de estandarte que indica a gritos cómo la pubertad quedó atrás
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¿Qué puedo hacer?