Es el cínico que siempre se mete en la fila del cine, que aparta quince lugares y que no se quiere recorrer un lugar, el que tehará atragantarte el chile de las palomas si le dices algo: es el terrible espécimen conocido como el aperrado. ¡Corre por tu vida!
El modus operando del aperrado es bien conocido: mientras alguien espera pacientemente en un estacionamiento a que salga un coche de para ocupar su sitio, del otro lado, un imbécil, generalmente en un Mercedes o en una trucka del 86, se mete sin pedir permiso aventando su bestia.
¡Pero no te atrevas una a reclamarle! Porque el imbécil en cuestión si no tuvo la vergüenza para no robarse el sitio, menos la va a tener para no decirle a una: “Cállate pinche puta” y los típicos insultos que suelen proferirse a una mujer, y si fuese el caso contrario, la aperrada le gritaría al hombre el fastidiado, “chinga tu madre, pendejo” y seguirá su camino muy sácale punta.
Ahora, si el aperrado no encontrara a quien aperrarle el sitio, irá corriendo hacia el de minusválidos y se bajará muy acá para ofender al policía o a los afectados. Después, entrará al centro comercial dispuesto a meterse en el mostrador mientras atienden a un pobre infeliz que hizo fila diez minutos; pero como el dependiente suele ser otro perfecto imbécil, no sólo no lo enviará a la fila, sino que lo atenderá y cuando el pobre infeliz se ponga punketto, se comprara la bronca de su vida con el aperrado: el dependiente se hará el sueco dizque acomodando billetes en la caja, viendo cómo el aperrado y el pobre infeliz se parten su mandarina en gajos.
Si hubiera un último trozo de pan en su mesa, el aperrado se lo quitaría a su madre, si la tuviera. Dado el caso…hay de dos sopas: o lo madreas o te aguantes, porque el ni el dependiente ni el “poli” le van a decir jamás nada.
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