Las consecuencias de mis actos me acompañarán siempre igual que mis logros; ni unos ni otras son para levantar monumentos, pero como en estos días reviso una y otra vez mi 2008 (¿será la Navidad?, ¿será el sereno?) he pensado muchísimo en el director de mi primaria: un anarco español refugiado de la guerra civil que, de a ratos, nomás fue en mi infancia un referente más cercano e importante que la revolución de 1917
A Pepe le gustaría saber que asumo mi ¡res-pon-sa-bi-li-dad! –como él la llamaba– y que asimismo la distingo de la culpa. Mis deudas impagables son del primer tipo y me duelen muchísimo porque le han dolido a otros; la culpa no me interesa como propósito de Año Nuevo.

















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