La designación de Arturo Zaldívar como Ministro de la Suprema Corte de Justicia, es un logro que me llena de esperanza. Muchos hemos presenciado de cerca los problemas de Justicia en el país, y a pesar de los importantes avances que ha habido en el tema, también estamos muy lejos de tener, ya no sólo un ideal de justicia, sino un mínimo aceptable.
Otras veces ya he sentido esta emoción, cuando Genaro Góngora fue nombrado ministro, el hecho que un profesor, escritor, defensor de los derechos humanos, un reconocido amparista ocupara ese lugar, fue razón de júbilo.
Cuando José Ramón Cossío entró en la Corte, también me alegré. Cossío, profesor y director de la carrera de derecho del ITAM, conocía a fondo la corte norte americana, y la forma de operar, tenía juventud y mundo exterior en sus manos, podía también ser el promotor de cambios importantes.
Hace muchos años que ya no paseo por los pasillos de la Corte, ya no busco entrevistas con los ministros, o hablo con ellos mientas se bolean los zapatos. Ya no he visto si las secretarias siguen utilizándose para enviar invitaciones de boda, ni sé los últimos chismes sobre la asignación de lugares de estacionamiento, puestos otorgados a amantes, pleitos internos. Sospecho que las cosas no han cambiado mucho. Ni siquiera he visto los murales de Rafael Cauduro, quizás entre al antiguo edificio y no lo reconozca.
Copio de la nota de Claudia Guerrero en el Reforma extractos del discurso que pronunció Zaldívar ante el senado, demuestran su sensibilidad, el conocimiento profundo que tiene del reto que enfrenta, y las ganas de emprender los cambios que necesita el país.
“Los mexicanos esperan un mayor compromiso de la Suprema Corte con la austeridad y la rendición de cuentas. Por conciencia elemental de los tiempos que vive el País es necesario impulsar un control efectivo del gasto público y una actuación responsable, republicana.”
“Me comprometo a abrir las ventanas de la Corte para que entre aire fresco, el aire de la sociedad; el aire nuevo de los jóvenes; y el aire de las doctrinas modernas sobre los derechos fundamentales y la interpretación constitucional.”
“El juez constitucional debe ser valiente, pero sobre todo prudente. Debe ser audaz, pero siempre equilibrado. Debe tener presente que está obligado a tutelar al individuo en sus derechos fundamentales, pero también al Estado en su viabilidad.”
“Es de la mayor importancia que la Corte construya una doctrina constitucional que dote de mayor consistencia y coherencia sus fallos, que sirva de referencia para su labor interpretativa y que haga más predecibles sus resoluciones. Necesitamos una Corte congruente.”
En hora buena, Arturo, la Corte y el país te necesitan. Felicidades. En la forma que podamos servirte para emprender estos cambios fundamentales, estamos contigo.

















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