En las listas mundiales deberían incluir a la Ciudad de México en los primeros lugares de producción de ruido. Posiblemente, no exista un segundo sin que un sonido altere nuestro sistema nervioso. Por supuesto, tranquiliza saber que la contaminación acústica no causa daños permanentes, aunque la sordera sí es irreversible.
Las óperas matutinas del gas, los tamales, los camotes, el camión de la basura, los aviones, las fábricas, las hojas de los árboles, los helicópteros, los gritos, la música, los motores, las llantas de los autos, los celulares, las alarmas, las sirenas, los pájaros, los timbres, los teclados, la cafetera, la aspiradora, las lavadoras, las puertas, los pasos, los perros, los mosquitos…y sí, por último, los cláxones (o Klaxon), que además son marca registrada.
El oído humano no aguanta demasiada complejidad, pero tal vez Cage tenga razón cuando dice que “Donde quiera que estemos, lo que escuchamos generalmente es ruido. Cuando lo ignoramos, nos perturba. Cuando lo escuchamos, lo encontramos fascinante.”
3 comentarios
-
…y los talacheros, como el que tengo junto a mi casa, chambeando a veces desde las 5 de la mañana y en otras hasta las 12 de la noche, con un ruido endemoniado que sólo alimenta más mi tinnitus. Saludos
Responder -
me gustó mucho la reflexión. al lado de mi depto. ayer comenzó a sonar una alarma a altísimos decibeles. unos escasos minutos de sonido bastan para interrumpir la paz más acogedora. tal vez sólo se trató de un gato que activó, inconsciente, un circuito equivocado.
Responder -
Si conozco esos talacheros madrugadores, que provocan una sinfonia de martillasos en mi cabeza cuando duermo…
Responder

















Compartir