El gobierno mexicano se solaza por haber logrado una reforma para Petróleos Mexicanos que, dice Calderón, es la más importante desde la expropiación de 1938. Pero, más allá de algunos cambios que, efectivamente, ayudarán a la paraestatal a mantener su operación (como quitarle la deuda de los Pidiregas y dejarla que use parte de sus propios excedentes petroleros para modernizarse), la conquista de Calderón y los legisladores del PRI, PAN y PRD –que hoy casi se proclaman “héroes”- parece menor, si consideramos que hay puntos que ni siquiera se atrevieron a tocar en las sesudas discusiones que mantuvieron en los últimos seis meses. Uno de ellos es el relacionado con el accionar del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Méxicana (STPRM), que se mantiene intocable. Cuando se fundó, en 1935, el organismo representó con valentía los intereses de los trabajadores de la industria petrolera y aun los del país, al apoyar el movimiento de expropiación petrolera del presidente Lázaro Cárdenas del Río. Pero, apenas dos décadas después, los gobiernos priístas –y ahora los de los panistas, que siguen la tradición al dedillo- sedujeron a sus líderes con millonarias prebendas y los hicieron sus compinches. El STPRM ha sido, entonces, un brazo operativo del gobierno para esconder innumerables abusos, desde cuantiosos fraudes con cargo al capital de Pemex hasta represiones a opositores que terminaron en asesinatos. Y los líderes, llámense “La Quina”, Barragán Camacho, Guzmán Cabrera o Romero Deschamps, han gozado de una inmensa riqueza, la misma que, por cierto, no ha llegado a los supuestos dueños de Pemex que somos, en teoría y con base en lo que marca la ley, todos los mexicanos. Relojes de oro, autos importados, viáticos, residencias, hoteles, terrenos, lacayos, entre otros lujos, además de un presupuesto que nadie controla y que se mantiene en la opacidad son parte de las ganancias de los dirigentes del sindicato de la paraestatal, que ahora, se nos dice en cadena nacional, inicia su modernización. Moderno es ser actual, vanguardista y contemporáneo, pero el STPRM sigue en el oscurantismo, tanto que en la era del 2.0 ni siquiera tiene una página de internet que reporte sus actividades. Lo dicho: sigue siendo intocable, pues nadie, ni el gobierno federal ni los tres principales partidos, se ocupó de transparentar la relación de la empresa con el sindicato. Nadie de estos “héroes” del cambio dijo pío.
2 comentarios
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El contubernio establecido entre todos los sindicatos y el PRI esta a la vista. Pemex, IMSSy los que faltan mas la FETSE. Nada mas llevan 70 años o algunos poco menos enriqueciendo a sus lideres y “salpicando” a la gente en el gobierno. Rita Varela señala muy atinadamente este cancer al que todos le tienen miedo y es obra inequivoca del pri. Deveras quieren que regrese??
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Muy cierto lo señalado. ¿ Y el sindicato ?
El problema realmente radica en ese sindicato.
Francamente esa modernización no servirá de nada así como cualquier otro intento, tanto en Pemex como en las demás dependencias de gobierno, mientras no desaparezcan las actuales y nefastas estructuras sindicales… lamentablemente dudo mucho que ésto suceda, ellos son los verdaderos amos y señores.
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