Me emocionó ver a Ingrid Betancourt encontrándose con sus hijos, cómo la chica no la soltaba. No habrá manera de recuperar los besos y caricias que hicieron falta durante seis años. Los niños volviéndose adolescentes y jóvenes sin su madre. Pensé en los otros que también se reunÃan con sus familias, algunos después de una década; pensé en los años pasados lejos en la incertidumbre, al filo de la muerte. Cuánto dolor. Cuánta indignidad. ¿Qué puede justificar que paguen esas vidas averiadas para siempre, la de los secuestrados y las de sus queridos?
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