Lo mejor que pudieron pensar, fue dejar a los niños y jóvenes sin escuela —buena o mala, es la escuela— y por ende, a su suerte, a ver televisión abierta y llenarse junto con sus madres, de una paranoia exacerbada por una epidemia viral que engendró el pánico entre las personas. Hay más muertos de hambre en el país y en el resto del mundo que muertos por influenza.
Pero, curiosamente la histeria levantó a dos que tres empresas en desgracia, o si no, pregúntenle a la Comercial Mexicana, ya que se repuso de la gran descalabrada financiera que traía, o también a las farmacéuticas —en especial las que distribuyen Ralenza— y a las televisoras, quienes luego de reportar bajas, se compadecieron de los hombres al transmitir en señal abierta todos los partidos de futbol (¡pues sí tienen corazón!, pero para tentar la oscuridad del barranco cuando ya han visto que no hay “Sky” o azul claro en el horizonte).
Lo mejor que pudieron hacer, fue cerrar los museos, centros culturales y cines. Adiós cultura y ocio, bienvenida la histeria que superviene a la falta de empleo y al aislamiento social. Esta histeria se respira en las calles de todas las ciudades; hay gente “temeraria” que anda sin tapabocas, (aunque también andan con el sueño perdido), hay una vigilia estomacal y un hueco de deudas que salen de la nada, mientras nos dicen que el fin de los hijos del quinto sol se detuvo, gracias a la, ahora metida hasta la médula, obsesión de lavarse las manos cada vez que uno saluda a la gente. Hay, también, un cerco invisible que ha quitado al mexicano, aunque sea por diez días, la capacidad de transmitir fuerza y soporte a través del abrazo y del saludo cariñoso, muy a la mexicana.
La densidad en el aire se come con una cuchara. Y es que más que el miedo a la influenza —ahora con nombre de robot— está el miedo a despertar sin un peso “para echar a andar el día”, o si no, pregúntenles a los operarios de Chrysler y GM quienes se quedaron sin empleo temporalmente… Desempleados, sí, como otros tantos miles, pero sin influenza.
6 comentarios
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Excelente dardo.
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Coincido con la autora, acaso el gobierno no tiene mejores estrategias que las que desplegó recientemente?
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El “nombre de robot” estuvo bueno. Y cuán edificante es la programación nacional (nunca dejo de admitirlo sin cierto sarcasmo).
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Gracias, don Gustavo, un placer leerlo.
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@Maria de Jesus López: Gracias por comentar, le envío un saludo desde Saltillo.
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@Livio Ávila: Jajajaja! Me encanta el sarcasmo a la Livio.
Gracias por el comentario, ya sabes que complementan el dicho de una servidora.Abrazos.
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