Lo mejor que pudieron pensar y hacer debido a la influenza

Marlén Carrillo Hernández-Ferman

Saltillo, Coahuila, 1982. Escritora. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma del Noreste, especializada en Derecho Constitucional y Teoría Estadual-Administrativa. Profesora de Francés acreditada por la Federación de Alianzas Francesas en México, especializada en procesos cognitivos en niños y adolescentes. Promotora Cultural, enfocada a la reivindicación de los valores artístico-culturales mexicanos y su inserción efectiva dentro de la sociedad. Integrante externa del Grupo Cultural Indígena Chahahualtznin, de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro. Melómana y en ocasiones inadaptada social. Parte de su obra puede ser vista en: http://reflexionesalvacio.blogspot.com/ http://fusioneterea.spaces.live.com/ http://velvetineskaleidoletters.blogspot.com/

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Lo mejor que pudieron pensar, fue dejar a los niños y jóvenes sin escuela —buena o mala, es la escuela— y por ende, a su suerte, a ver televisión abierta y llenarse junto con sus madres, de una paranoia exacerbada por una epidemia viral que engendró el pánico entre las personas. Hay más muertos de hambre en el país y en el resto del mundo que muertos por influenza.
Pero, curiosamente la histeria levantó a dos que tres empresas en desgracia, o si no, pregúntenle a la Comercial Mexicana, ya que se repuso de la gran descalabrada financiera que traía, o también a las farmacéuticas —en especial las que distribuyen Ralenza— y a las televisoras, quienes luego de reportar bajas, se compadecieron de los hombres al transmitir en señal abierta todos los partidos de futbol (¡pues sí tienen corazón!, pero para tentar la oscuridad del barranco cuando ya han visto que no hay “Sky” o azul claro en el horizonte).
Lo mejor que pudieron hacer, fue cerrar los museos, centros culturales y cines. Adiós cultura y ocio, bienvenida la histeria que superviene a la falta de empleo y al aislamiento social. Esta histeria se respira en las calles de todas las ciudades; hay gente “temeraria” que anda sin tapabocas, (aunque también andan con el sueño perdido), hay una vigilia estomacal y un hueco de deudas que salen de la nada, mientras nos dicen que el fin de los hijos del quinto sol se detuvo, gracias a la, ahora metida hasta la médula, obsesión de lavarse las manos cada vez que uno saluda a la gente. Hay, también, un cerco invisible que ha quitado al mexicano, aunque sea por diez días, la capacidad de transmitir fuerza y soporte a través del abrazo y del saludo cariñoso, muy a la mexicana.
La densidad en el aire se come con una cuchara. Y es que más que el miedo a la influenza —ahora con nombre de robot— está el miedo a despertar sin un peso “para echar a andar el día”, o si no, pregúntenles a los operarios de Chrysler y GM quienes se quedaron sin empleo temporalmente… Desempleados, sí, como otros tantos miles, pero sin influenza.


6 comentarios

  1. Gustavo Villarreal agrega este comentario | Permalink

    Excelente dardo.

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  2. Maria de Jesus López agrega este comentario | Permalink

    Coincido con la autora, acaso el gobierno no tiene mejores estrategias que las que desplegó recientemente?

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  3. Livio Ávila agrega este comentario | Permalink

    El “nombre de robot” estuvo bueno. Y cuán edificante es la programación nacional (nunca dejo de admitirlo sin cierto sarcasmo).

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  4. Marlén Carrillo H-F agrega este comentario | Permalink

    @Gustavo Villarreal:

    Gracias, don Gustavo, un placer leerlo. :)

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  5. Marlén Carrillo H-F agrega este comentario | Permalink

    @Maria de Jesus López: Gracias por comentar, le envío un saludo desde Saltillo.

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  6. Marlén Carrillo H-F agrega este comentario | Permalink

    @Livio Ávila: Jajajaja! Me encanta el sarcasmo a la Livio.
    Gracias por el comentario, ya sabes que complementan el dicho de una servidora.

    Abrazos.

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