El llanto de un bebé rompe la noche, la madre grita y él llora más y más, ella no deja de gritar; en el parque un niñito de dos años es subido al columpio a base de empujones y manazos de la madre, de los labios de ella sólo salen descalificaciones, él ni siquiera sonrÃe. Cada dÃa uno se topa con el maltrato a esos chiquitos que más que ninguna persona en el mundo son los poseedores indiscutibles del derecho a llorar, a ser investigadores obstinados, a ser poco hábiles en las destrezas de trepar al columpio, de caminar, de hablar, de ensayar a hacer pipi en el pañal y también de gritar, es el dÃa a dÃa del maltrato que cada 30 de abril revela cifras aterradoras sobre trabajo infantil, violencia, prostitución, que nos asustan y después las olvidamos. Las lágrimas cotidianas, los gritos desesperados, las miradas tristes en rostros vencidos a los cinco años reflejan la violencia que deja la boca seca, un nudo en la garganta y en algunos momentos el arrojo suficiente para pelear por ellos, aunque no sean nuestros. Según datos que dio a conocer la Unicef en 2006, México es uno de los paÃses más violentos con los niños y advierte: “por detrás de los casos más extremos que ocasionan la muerte, siempre existen muchos más que aunque resulten menos visibles y menos dramáticos implican dosis cotidianas de dolor que causan severos daños”.
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El autorismo que cargamos encima históricamente, que además reproducen las “sagradas” instituciones sociales, como las religiosas y del Estado, en esa otra institución que parece privada que es la familia inclusive las escuelas, deshacen la personalidad de los niños y niñas. Nunca es demasiado hacer señalamientos una y otra vez sobre el maltrato infantil, porque los niños no se pueden defender de la imposición de los adultos.
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Hola: Me encantó leer algo tuyo Amparo, espero me recuerdes, estudiamos juntas en la Enep y yo sigo viviendo en Xalapa. Espero podamos ponernos en contacto algún dÃa.
Mi número de trabajo es 01800 5039993.Votos a este comentario: 0



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