Si estás atascado en medio del tráfico infernal del periférico a las seis de la tarde y, como por arte de magia, cinco torres altas y de colores le hacen sombra al sol, no te preocupes, estás a salvo, has llegado a la tierra prometida; conduce suavemente y déjate llevar por los circuitos inconmensurables de Ciudad Satélite.
Aquí no hay ni segundos pisos ni semáforos que tardan media hora en cambiar a verde, tampoco hay callecitas inmundas y empedradas donde no caben dos coches a la vez. Aquí estás en el lugar más próspero y limpio de la tierra, en el ombligo del mundo. Eres uno de los elegidos, eres un “sateluco”.
Los sureños nos observan con envida porque su fuentecita coyoacanera no es ni un buche de agua en nuestra presa Madín, y su Perisur ha sido derrotado varias veces por Plaza Satélite. La del Valle da risa frente a Echegaray y los condeseros añoran nuestra zona azul.
Aunque Sabina se baje en la terminal de Atocha y Serrat prefiera morir en el Mediterráneo, yo, como los Tacubos, como Fernando Delgadillo, como los chicos de Westlife, me quedo en Satélite.
9 comentarios
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¡Eeeeh! ¡Eso es todo!, por eso ya ven, “totó”. Ya hasta las pintaron y les pusieron cementito nuevo. Sólo para tu llegada.
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¿Comparar una fuente con una presa? ¿y si usas mejor a, digamos, Xochimilco?….
¿La tierra prometida un lugar en el que puedes contar los teatros y centros culturales independientes con la misma mano y te sobrarían dedos por si quieres incluir los universitarios y gubernamentales?
Soy sateluco y sateluco feliz, pero no hay que exagerar.
¿Los elegidos de Dios? Puede ser, porque dicen, la ignorancia es dicha y en Satélite es festejada cada segundo. Ahí donde Durán puede robar con descaro y, si quisiera, volver a postularse y mantener esos votos satelucos. Ahí donde una casa grande y un coche bonito es suficiente y, ¿para qué pensar en lo que pasa en el resto del mundo? El sateluco es egoísta y hedonista, es feliz. ¿Pero envidiable? No, no creo.
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Así o más creído, se nota la burguesia por todos los poros de tu pluma. Creo de muy mal gusto este comentario que quizo sonar a orgullo, pero te salió muy ojón para ser paloma.
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Y sí, Satélite no destaca por sus teatros y centros culturales (creo que sólo hay un teatro y es horrible).
Escribí el dardo para hacer enojar a algunos amigos sureños que se quejan de Satélite un día sí y el otro también, en realidad no es para tomarlo muy en serio, aunque decir que en el epicentro de las torres se festeja la ignorancia cada segundo, también es exagerar un poco ¿no crees?
Casi toda regla tiene excepción y ya ves, ahora hasta a Durán se le acabó la magia y el PRI recuperó Naucalpan. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…
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¡Ay, ajaaaa! Cuidado con la ardidez pública, jajaja… Oigan, cálmense si sólo era para reirse un rato, aunque ese refrán de arriba sí me hizo reir, yo soy orgullosamente sateluca, westlifeista, sapo cancionerista, y claro que no soy panista, pero eso en realidad está por doquier y acá por lo menos hay buen clima, y ¡DOS LIBRERÍAS!
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No sé si pecó de ingenua pero ¿no se lee a leguas la ironía? Para sureños, para norteños creo que el autor se mofa justamente de eso: de nuestro (a veces ridículo) sentido de pertenencia. Ríanse un poco, anden y abrazen con gusto que, del norte o del sur, todos son chilangos.
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¡Ja! Será lo que quieras, pero no deja de ser el Estado de México, donde lo que ya no cabe en la Ciudad de México, va a parar ahí.
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Jajaja…Ah que bueno que en la Ciudad de México quepan tantas y tantas cosas, digo para que se puedan inundar a gusto jaja.
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Maestro, llego tarde, pero ya conoce mi comentario. Así que me lo omito porque usted y yo tenemos un tratado de paz que rebasa fronteras (sí: incluso el Viaducto). Nomás quería comentarle que Satélite ya tendrá segundo piso en el periférico. Y ése, mi querido Maestro, es el principio del fin.
Ja. Un abrazo fuerte, Maestro.
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