Mover montañas

Nora Sandoval

Estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Comenzó su carrera periodística en el diario El Heraldo de México; fue correctora de estilo en la Mesa de Redacción de Unomásuno; y reportera de Información General en la revista Época; en el suplemento La Triple Jornada, de La Jornada, y en la sección de Reportajes Especiales de El Universal. Actualmente colabora en Día Siete.

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El mayor y peor defecto de las mujeres es la envidia. Nadie como nosotras para experimentar ese sentimiento. Y, lo peor, es que casi siempre el objeto de nuestra envidia es otra persona de nuestro mismo género. Quién no ha sido víctima de los celos profesionales o personales de una compañera de trabajo, de la vecina o de una conocida. O, al revés,  quién no ha sentido envidia por la vida que lleva otra mujer. ¿Cuál será la causa por la que el género femenino envidia con mucho mayor fuerza que un hombre? No lo sé, pero sí sé que ese sentimiento se manifiesta, entre otras cosas en la falta de solidaridad de género. Alguna vez escuché a Beatriz Paredes, hoy líder nacional del PRI, decir que la envida es el defecto más dramático y terrible de una mujer y que es capaz de mover montañas. Es cierto.


5 comentarios

  1. Julio Castro agrega este comentario | Permalink

    Las mujeres son lo más maravilloso de la creación, pero coincido con usted en el sentido de esa rivalidad consciente o no que se produce entre ellas.
    Aunque también son muy evidentes los gestos de solidaridad que se dan entre damas, en casos de violencia intrafamiliar o en el cuidado de los hijos.
    En fin las mujeres son seres extraordinarios y parte de su atractivo es la complejidad que subyace en su personalidad.

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  2. Ángel Gallegos agrega este comentario | Permalink

    La envidia es la aceptación involuntaria de la incapacidad de poder obtener lo que se desea del otro. Será entonces que la envidiosa se siente más impotente ante cierta realidad que otra persona. No me parece que este defecto sea más propenso de un género que de otro, sino que es un asunto cultural profundo, triste.

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  3. Fernanda Piñeyro agrega este comentario | Permalink

    Debemos romper con esos mitos deterministas acerca de la “naturaleza femenina”, creo que no hay nada en nuestro SEXO que nos predestine a la envidia, tanto hombres como mujeres proyectan sus carencias en la envidia.

    En cuanto al GÉNERO creo que podría haber una explicación menos fatalista…

    La vida doméstica como único plan de vida, que a lo largo de la historia se ofreció a la mujer, no ha contribuido a que ésta pruebe y por tanto confíe en sus capacidades, a que sea emprendedora; al hombre se le educo para conquistar el mundo y a la mujer se le educó para conquistar un hombre (Odiseo y Penélope); El padre y luego el marido “les arreglaba la vida”. Todo lo anterior, le impidió a la mujer descubrir que posee dentro de sí la capacidad de obtener lo que quiere y necesita; Por eso creo que cuando se ve en otro algo de lo que carecemos y a la vez deseamos, los hombres tienden a sentir inspiración y las mujeres envidia.

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  4. M. Carrillo Hdz-Ferm agrega este comentario | Permalink

    Hola!

    En lo personal considero que este dardo expone la realidad de las féminas como pocas se han atrevido a hacerlo. Considero de igual manera que sentirse agraviada por una premisa que roza casi con la categoría de máxima, denota inseguridad personal y una propensión a la evasión ante una realidad marcada: las mujeres envidiamos a otras mujeres porque en el fondo hemos sido educadas para expresar inseguridad, dependencia, falta de autoestima,represión a las expresiones de nuestra naturaleza (incluyendo la sexual), etc.

    De alguna manera los hombres se las apañaron para minimizar el sistema axiológico que nos autoaplicábamos, allá cuando conformábamos lo que se conoce como matriarcado. El trauma por la pérdida del poder femenino (la destrucción del matriarcado) se tradujo, pienso yo, en un menoscabo constante de nuestra naturaleza, primero frente a nosotras mismas, luego frente a nuestras iguales, como un mecanismo de autocastigo y de rechazo en respuesta a lo que internamente sentíamos, tanto como ente individual, como psiendo parte de una colectividad homogénea.

    De esta manera, la envidia es el primer sentimiento negativo que trae consecuencias negativas en la mujer, sea la victimaria o la víctima. “Moldeada” -por así decirlo- nuestra mentalidad a imagen y semejanza del hombre -donde todo es competir y ganar- a la mujer moderna se nos exige comportarnos como machos en aras de un crecimiento personal, que se traduce en una capacidad adquisitiva, sea en términos monetarios o amorosos.

    A mí en lo personal me gustaría muchísimo ver que un día las mujeres dejáramos de ser rivales por tonterías, como pelearse por un hombre, por un puesto de trabajo o por un elogio proferido por un donnadie en las calles, que seguramente habría adquirido el valor de prosaico, de no ser porque no fuimos las depositarias de dicho piropo.

    Y mientras sigamos arañándonos como hasta ahora lo hemos hecho, la cosa no va a cambiar: los de enfrente nos siguen manipulando y nosotras deseamos vengarnos con la misma vara… Lo mejor sería empezar a respetarnos en lo individual y valorar lo que cada una tiene. Entender que hay suficiente para todos es básico en esto de peleas de supremacía.

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  5. Laura Coatl agrega este comentario | Permalink

    El mayor defecto de las mujeres, tal vez sea la enviadia. Eso no significa que los hombres no sean envidiosos, sino que la envidia no es su mayor defecto, tienen otros peores.

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