Economías emergentes

Ignacio Alvarado Álvarez

Ejerce como periodista desde 1989. Ha escrito en diarios locales y revistas de circulación nacional. Fue asesor de prensa en la Comisión de Asuntos Fronterizos del Senado de la República y productor asociado para ARD, Televisión Pública Alemana. Ha dirigido talleres y dictado conferencias sobre violencia y crimen en universidades de Estados Unidos, México e Italia. Es colaborador permanente del dominical Día Siete.

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Mientras se mantuvo imperturbable el negocio de las drogas, estados como Tamaulipas, Baja California, Chihuahua, Sinaloa o Coahuila vieron inalterados también sus registros de secuestro. Ya sea por la colisión de estructuras criminales o por el ejercicio aplastante de un gobierno que busca recuperar los controles perdidos, el delito se ha convertido en la alternativa más socorrida por los operadores del narco, estén dentro o fuera de las instituciones policíacas. La despenalización del consumo para algunas drogas ha sido una propuesta manoseada con insistencia los años recientes. Con partidarios a diestra y siniestra, el debate parece colocarse sin embargo en el rubro de las ideologías y no en el análisis de una probable desactivación de la más rentable industria criminal del país. Los estados en los que se han crecido otras formas de operar al contraerse momentáneamente la economía del narco, bien pueden ofrecer algunos anticipos de lo que sería el viraje delictivo en esos niveles. Un ejemplo contundente se halla en Ciudad Juárez, el municipio más violento del hemisferio. En medio año las oscuras manos del crimen organizado han emergido para estrangular a empresarios mediante la extorsión y el secuestro y han hecho también del robo de automóviles, los asaltos bancarios, la violenta sustracción de cajeros automáticos en maquiladoras y la trata de blancas, su nueva forma de proveerse dinero líquido. La única salida probable no es entonces que se permita el consumo, sino restablecer acuerdos. A este gobierno, como al resto de los gobiernos del mundo, no le interesa terminar con las empresas criminales. Esa es una premisa falsa sobre la que una mayoría de analistas se basan y por eso también fallan en sus veredictos de guerra.

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1 comentario

  1. Miguel Ángel agrega este comentario | Permalink

    Es cierto, al desactivar el negocio del narcotráfico con una posible legalización de algunas drogas prohibidas los obreros de la violencia se dedicarán a la extorsión, vendiendo protección o secuestrando.

    No hay que perder de vista que una posible legalización de las drogas prohibidas no sólo merma el negocio del narcotraficante sino que su alcance abarcaría aspectos de salud pública. Las políticas públicas sobre el uso de drogas siempre deben estar enfocadas hacia el bienestar social, sobre todo si existe permisibilidad ante ciertos estupefacientes.

    Es inevitable que los obreros de la violencia al ver cerrado el gran negocio del tráfico de drogas, comiencen a cambiar de giro dedicándose a otras actividades ilícitas. En sus orígenes la Cosa nostra no vendía drogas prohibidas, allá en Sicilia, extorsionaba y vendía protección.

    Es factible que legalicen el uso de ciertas drogas prohibidas porque es benéfico para la salud pública y ya no sería un motivo para estas matazones que vemos a diario.

    Por otro lado, la procuración de la justicia en México es muy deficiente. Se requieren acciones inteligentes, no discursos políticos. A demás, todos sabemos que ciertos elementos de los cuerpos policiacos están involucrados en hechos delictivos, sean del orden federal o a nivel local en los estados de la República.

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