En lugar de cigarros, parches, ¿y qué en lugar de pastelillos y refrescos?

Carla Faesler

Es mexicana. Autora de los libros de poemas Anábasis Maqueta, Editorial Diamantina, 2004 ("Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen"), de No Tú sino la Piedra, (Ediciones El Tucán de Virginia 1999) y de la plaquette Ríos sagrados que la herejía navega, (Ediciones Mixcóatl, 1996).

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Las autoridades de salud nos bombardean con alertas a la obesidad y nos llaman a cuidar la alimentación pero, ¿nada puede hacerse para que quienes durante décadas nos han atiborrado de harina, grasas y azúcar refinada nos den tregua? ¿Nada, nada para salvar a tantos cuerpos de la carga terrible de los males asociados a los kilos que además deforman tan dramáticamente la figura humana causándole tantas enfermedades, quitándole toda su dignidad? Con sólo pensar en el número de empleados de estos consorcios - uno de ellos, el más grande, cerca de 95 mil y el de los refrescos más exitosos en causar diabetes, cerca de 150 mil - la idea de transformarlo todo se derrumba. Nosotros, los mexicanos, somos los número uno de la mala alimentación, ya rebasamos a EUA. Hay quien dice que es lo único que hay en las regiones más alejadas, en donde no se da la siembra y el cultivo de temporal es siempre una esperanza rota, en donde no hay ni agua para beber, sólo refrescos. Bien, pues se podría aprovechar ese enorme poder de distribución para hacer llegar a esos lugares cosas buenas, nutritivas. Todo el país está plagado: niños abatidos por su propio peso saliendo de la escuela, adultos obesos haciendo cola para comprar en un fast food un paquete familiar que ofrece, además, dos bebidas extra-grandes como oferta. Si ya lo sabemos, si ya el gobierno está alarmado y varios grupos ciudadanos luchan contra la propagación de esta voluminosa epidemia, yo me pregunto: ¿por qué no exigimos que los grandes consorcios de la comida y la bebida chatarra se conviertan en productores de alimentos ya no digamos “sanos” sino “normales”? Si la industria del tabaco se convirtió hacia los productos que combaten el tabaquismo e ideó parches, pastillas y demás astucias, las grandes empresas de comida y bebida industrializada podrían hacer lo mismo, reconvertirse para dejar de dañar la salud de la población. No se trata de atacar a quien da empleo, se trata de abatir un problema que ya se cataloga como uno de los males más peligrosos por venir. Se trata de llevar a cabo lo que todos sabemos que debemos hacer.

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1 comentario

  1. Karina R. Chiw agrega este comentario | Permalink

    Cierto, considero que las grandes compañías de alimentos y bebidas industrializadas tendrían, desde hoy, que hacer algo en beneficio de la salud de quienes son sus más grandes consumidores. En este caso, México, lo es de los refrescos. ¿Por qué no entonces producir bebidas que suplan, de manera nutritiva, a los refrescos que tanto daño hacen?… De igual manera, podrían hacerlo las empresas de “fast food” que atiborran de grasas trans cada uno de los productos que venden…

    Si no entonces, nosotros mismos deberíamos tomar en nuestras manos la responsabilidad de alimentarnos sanamente y dejar de consumir lo que tanto daño nos hace…

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