Es curioso cómo una línea puede separar cosas y crear grandes estragos; también lo es el cómo los humanos nos las ingeniamos cada día para hacer de la vida algo muy difícil y complicado. Como marca en la memoria de nuestra cultura nos encontramos con un ícono que conmemora el tiempo de la guerra fría en Alemania: El muro de Berlín, construido en 1961.
Llamado por la entonces Comunista Alemania Oriental como “muro de protección antifascista” ha sido uno de los máximos símbolos que representa las barreras humanas, tanto espirituales, mentales y físicas que haya existido.
Hay que recordar que muchas personas murieron al tratar de cruzar el muro; algunas, quizá, verían a familiares, otras atenderían problemas personales o simplemente querían cruzar porque tenían el “derecho” a hacerlo como personas. La RDA (República Demócrata Alemana) les quitó esa libertad a tiros, a quemarropa, por una simple barrera mental como lo era la idea del “antifascismo”.
En 1989, gracias a manifestaciones masivas e ideas de cambio en las legislaciones para viajar, se derriba un muro que trascendió y significó todos los obstáculos humanos. Desde su caída hasta el día de hoy, este muro se ha convertido en un medio de expresión artística notable que ha influido en todas las disciplinas: música, pintura, literatura, etc.
Actualmente existen más muros que marcan las diferencias entre razas, credos y entre humanos. Un nombre se me viene a la mente y es la propia existencia de un muro entre México y Estados Unidos que día a día sigue cobrando vidas sin que nadie se ocupe de ello. Más de tres mil muertos ha dejado el “programa de lucha contra la inmigración ilegal”. Tema que ojalá tenga en mente el Nobel, Barak Obama. Pero volviendo al tema, muchos seguimos con la esperanza de que un día, no muy lejano, el Muro Fronterizo EUA- México sea otro muro de Berlín derrumbado.


















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