La otra crisis de EU, la de las percepciones

José Guaderrama

De Ciudad Juárez, Chihuahua. Periodista. Reportero en El Fronterizo, Norte, El Diario, periódicos de Juaritos todos. A partir de 1996, huésped de los defeños, y editor de internacionales y política en El Economista. Del 2003 y hasta fines del 2008, en labores de comunicación en San Lázaro y en el Senado. Colaborador de Día Siete y actualmente coeditor de la sección México, en El Universal

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No son pocas ni menores las crisis financieras que el mundo ha enfrentado durante la última década.
En un buen número de países, cientos de millones de personas tuvieron que pagar los platos rotos. Por decir algunos casos, México, Argentina, Brasil, Corea, Indonesia, Tailandia y Rusia.
Los avances tecnológicos permitieron aumentar la velocidad en la transferencia de información, de datos y de dinero, pero también, dieron espacio para la rápida diseminación de crisis económicas. En consecuencia, tanto el FMI como el Banco Mundial se vieron obligados a cambiar las reglas para el otorgamiento de créditos, implementando mecanismos de transferencia de recursos con disponibilidad casi inmediata para los países en problemas. Lo cual ha resultado insuficiente.
Pero ya no son aquellos tiempos en que el mercado, los inversionistas y los ciudadanos, confiaban casi a ciegas en las autoridades financieras de Estados Unidos y en las de los países restantes del G-7, o en el respaldo del FMI y el Banco Mundial.
Alrededor de esta crisis existen diversos factores que la agravan. De la confianza y credibilidad en torno a la arquitectura económica global, sólo quedan añicos. El asunto de la percepción adquiere particular importancia en esta vorágine de desembolsos monetarios, de rescates a diestra y siniestra.
Bajo la percepción general de los ciudadanos, Estados Unidos figura como el gran responsable del desastre que vivimos hoy.
Immanuel Wallerstein, sociólogo de la Universidad de Yale, desde 1980 daba por hecho que el dominio global de Estados Unidos terminaría por estas épocas. Más recientemente, durante una entrevista, afirmó que la guerra de Irak sólo vino a acelerar el proceso de debilitamiento por el desmedido crecimiento de la deuda.
Conforme a encuestas realizadas por el Pew Research Center, muchos ciudadanos en países como Alemania, España, Francia, Gran Bretaña y Australia, están convencidos de que China reemplazará a Estados Unidos como potencia dominante en el mundo.
La percepción, la imagen de Nueva York como la capital financiera internacional, no existe más, se esfumó.
En cuanto al estatus de superpotencia del que tanto se enorgullecen los estadounidenses, muchos opinan que también va en picada. Argumentan que el estatus de superpotencia no sólo radica en la riqueza financiera –muy mermada en la actualidad por cierto-, o en el poderío militar. El estatus de superpotencia está directamente vinculado a la capacidad de generar admiración alrededor de un país, y por lo que se sabe, va en incremento la membresía del club de decepcionados con los Estados Unidos.
Paralelamente, tiene lugar otro fenómeno. El euro, que cumplió el 1 de enero 10 años de creación, parece desplazarse con cierta presunción en la pasarela internacional.
“He vivido entre devaluaciones, y la ansiedad que provocan”, afirma Hans Martens, director del Centro de Política Europea. “Pero la manera en que el euro ha lidiado con la crisis financiera es absolutamente grandiosa. Es una gran isla de estabilidad que permite proteger a las naciones pequeñas, precisamente cuando las olas azotan con más intensidad y fuerza”.
Pero todavía hay más. De acuerdo con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, en Gran Bretaña aumenta la disposición a adoptar el euro.
La debilidad de la libra ha ayudado. Hace dos años, un euro valía sólo 0.65 libras. Pero en la actualidad, sólo uno o dos peniques le hacen falta al euro para estar 1 a 1 con la libra. Y aunque muchos analistas consideran poco probable que el euro reemplace al dólar como moneda de referencia internacional en un futuro cercano, se recomienda no perderlo de vista.
Estados Unidos, con un presidente con la popularidad por los suelos. Sin pilares de confianza como la que generaba el extitular del banco central estadounidense, Alan Greenspan. Y con escasa liquidez para afrontar las demandas del mercado, de todos los que quieren ser rescatados, esta crisis parece tener dimensiones abismales.
Las miradas se concentran en Barack Obama, en su equipo, en su capacidad para tomar al toro por los cuernos. En su habilidad para recobrar la credibilidad y la confianza.


2 comentarios

  1. Marlén Carrillo H.F. agrega este comentario | Permalink

    Pues sí, José. Todos cruzamos los dedos para ver si Obama hace lo suyo, en beneficio de lo nuestro.

    Un saludo!

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  2. Jaime Estrada agrega este comentario | Permalink

    Históricamente se ha demostrado que los grandes imperios o superpotencias, como lo fué Roma o Egipto en su tiempo, llegan a una etapa de decadencia, todo parece indicar que EUA puede estar en esa etapa.
    No es buena noticia para nuestro país, porque desafortunadamente estamos con ligas económicas muy fuertes con ellos y tenemos a 20 millones de compatriotas viviendo allá.
    Espero sinceramente que EUA se logre recuperar y adquiera una nueva visión de la convivencia internacional, más positiva, más humana…. en fin se vale soñar, aunque los grandes cambios así comenzaron, siendo sólo un sueño.

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