Pese a lo prolífico, Juan Gabriel se muestra obsesivo en sus composiciones: el ambiguo sujeto del amor, a quien le canta, es un tú que casi siempre queda sin declarar su género; y ese tú es objeto de amores desmedidos o de odios igualmente desmesurados. Su amor es un amor que no dice su nombre. Con él se confirma que el amor no tiene sexo sino buenos afectos. Se ama –o se odia– a la persona que provoque esos afectos, independientemente del sexo que posea. ¿Pero qué sucede cuando el amor materno, que debería ser incondicional, se niega?
La madre, su primer y más perdurable amor, incumple con la función de enseñarle al hijo, con hechos cotidianos, el sentimiento amoroso, y esa deficiencia provocará una catástrofe afectiva. Una de las consecuencias de este acto traumático es que dificultará el proceso de estructuración de la personalidad y ella misma, la madre, se convertirá en una mujer aniquiladora. Negar el afecto es también un modo de castrar. Casi todas las canciones parecen remitirse a la primera experiencia amorosa. Los traumas vividos con la madre los reedita en sus posteriores relaciones y en sus canciones. Pero ¿a quién le interesa de dónde nace la inspiración?
Juan Gabriel cubre las necesidades emocionales de las mujeres y ha logrado que se enamoren miles de hombres y mujeres. Las mujeres ante las cuales se ha rendido Juan Gabriel son mujeres poderosas. Siente por ellas una especial fascinación. Mujeres que lo aceptan después de haberlo rechazado o a quienes conquista después de haberlo intentado en varias ocasiones: María Felix, Rocío Dúrcal, Lucha Villa, Lola Beltrán. Ellas, cuando alcanzó la fama, le otorgan su afecto y reconocimiento y le ruegan para que les dé una de sus canciones.
¿Buscaba que ese mismo proceso se repitiera con su madre? ¿Cuántas veces mendigaría el amor a su madre y ésta, por muy válidas que fueran sus razones, se lo negaba? Esta necesidad imperiosa se evidencia patéticamente en una composición que canta a dúo con Rocío Dúrcal donde manifiesta su indigencia afectiva. Ahí implora migajas de amor, al mismo tiempo que hace responder a la cantante lo que en realidad ocurrió en la infancia: —¿No tienes nada, nada, nada,… —Que no, que no… Juan Gabriel entiende el amor como una regresión a través de la cual vuelve a tener la oportunidad para que sus parejas le otorguen aquello que en la infancia le fue negado: bondad, cuidado y guía. Encuentra la felicidad cuando obtiene afecto, pero al mismo tiempo que lo agradece teme perderlo, e implora –y ofrece su vida a cambio– para que nunca lo abandonen. Tú me sabes bien cuidar,/ tú me sabes bien guiar Todo lo haces muy bien tú,/ ser muy buena es tu virtud. Cómo te puedo pagar/ todo lo que haces por mí, Todo lo feliz que soy/ todo este inmenso amor. Solamente con mi vida/ ten mi vida, te la doy, Pero no me dejes nunca, nunca, nunca, te lo pido por favor.
¿Qué daño te hago con quererte? ¿Desde dónde canta Juan Gabriel? Desde un yo victimado que pese a sus heridas, declara como su único patrimonio inenajenable a un corazón noble y bondadoso. Reconoce antiguos sufrimientos, desengaños actuales y sufre por ellos pero se reserva el derecho del desquite. Juan Gabriel ríe al último y mejor, y en la revancha exhibe una alegría morbosa y contundente contra quien resulte responsable por abandono, humillación, burla, ofensas. Y lo canta con una afectividad sin matices ni medias tintas.
Al ambiguo sujeto del amor, a la segunda persona del singular (que puede ser, indistintamente, un hombre o una mujer, así como, inconscientemente, su madre o los otros amores ingratos) le adjudica sentimientos definidos, extremos, y los hace pertenecer, inequívocamente, al bando de los buenos o de los malos, según se hayan anidado en su corazón.
Cuando Juan Gabriel proyecta sus afectos en sus canciones lo hace con ambivalencia, es decir, con una disposición mental y emocional en las que manifiesta al mismo tiempo y ante la misma persona o situación, sentimientos diametralmente opuestos y actitudes totalmente contradictorias: amor y odio, temor y deseo, culpabilidad y justificación, orgullo y menosprecio de sí mismo, etc. Pero como no se atreve a odiar directamente a la persona que lo frustró al negarle los abrevaderos afectivos de la infancia, orienta esos sentimientos malsanos hacia otras personas que, habiéndolo desengañado en posteriores experiencias amorosas, se convierten en los sujetos idóneos para el desquite de Juan Gabriel. Además se podrá dar el lujo de contrastarlos con el amor de una madre idealizada, muy lejana de la real.
Sin embargo, Juan Gabriel ha demostrado su nobleza al considerar el amor materno, pese a todo, como el más importante. En público acepta sin juzgar el comportamiento de la madre y lo ensalza y lo idealiza. Estando en Madrid cantando, con Rocío Dúrcal en primera fila, Juan Gabriel dijo: “quiero dejar constancia de una cosa aquí en Madrid; que yo no fui quien resucitó a la señora Dúrcal, porque yo no soy nadie con ese poder para resucitar a una persona, porque si eso fuera, preferiría resucitar a mi madre que tanto quiero”. ¿Existe hipocresía en esas declaraciones? Es difícil saberlo. Lo que sí es claro es que con esas palabras el público se le entregará. Pero ya sabemos que lo público, para un artista, suele corresponder al ámbito de las necesidades del mercado y de la imagen; lo privado, en cambio, a lo psicológico y emocional. Y en ese último espacio, Juan Gabriel no parece no ser congruente con los buenos propósitos públicos.
En el ámbito privado ha deplorado y criticado a su madre. El Yaki cuenta esta anécdota, en la que el cantautor exhibe, en un acto de desquite, una crueldad atroz: “…Sabiendo lo mucho que Alberto quiere a su mamá pues siempre lo dice y lo pregona en público, le mandé a hacer una ampliación de una foto pequeña que tiene, donde está con su mamá, y que es la única donde aparecen los dos solos. Le pusieron un marco precioso con oro y se la puse en su recámara arriba de la chimenea; qué más que un lugar tan íntimo para tener a la que uno más quiere. Yo estaba esperando su reacción por el detalle y cuál fue mi sorpresa que cuando subió y vio lo bonito que le había quedado su recámara, volteó hacia la chimenea y me dijo: —Yaki, y esa señora, ¿qué hace ahí? —Es tu mamá, ¿te gusta como se ve? –le dije. —No, quítala. Y ordenó que la quitaran y puso en el mismo lugar una cabeza de una cabra (su signo zodiacal de Capricornio), que por cierto se cayó y se rompió”.
Los psicólogos revelan que si el sentimiento de odio hacia una persona causa angustia, el yo puede facilitar la salida de amor a fin de ocultar la hostilidad. En estas circunstancias, el amor es una máscara que encubre el odio. Ante la dificultad para expresar su malestar contra la madre, se vale de otra para adjudicarle el odio que, en realidad, fue generado por la progenitora.
¿Qué distingue el amor como formación reactiva del amor verdadero? El principal rasgo distintivo del amor reactivo es la exageración: es excesivo, exorbitante y afectado. Otra característica es su compulsividad. Se habla constantemente del tema sin variaciones ni flexibilidad, y se le otorgan elevados ideales de virtud y bondad. Estas apreciaciones, sin duda, son aplicables a los afectos que Juan Gabriel suele dedicar a su madre y que despliega en sus composiciones.
“Existen además otros Juan Gabrieles –confiesa él mismo– … Sin embargo, hay uno, el más importante, el Juan Gabriel verdadero, el que realmente Dios conoce porque Él lo ha creado, el Juan Gabriel que un día se presentará ante Él; y las imaginaciones, vanidades, envidias y odios se habrán esfumado y entonces todos sabrán quién es Juan Gabriel”. Ojalá Juan Gabriel no nos niegue sus memorias.
4 comentarios
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Bueno, sin saber exactamente de quién habla este artículo (no tengo idea quién es Juan Gabriel), y tras la confusión inevitable por no poder hallar un sentido parcial o completo de todo lo escrito, lo único que ha rescatado mi intelecto en forma de interrogante es… ¿y el padre de Juan Gabriel?.
No sólo me interrogo por pura curiosidad bibliográfica, sino porque noto que la mirada psicológica que sirve de sostén a más de una conclusión en este artículo, es de la vieja escuela psicoanalítica, donde naturalmente (dada la época en que fue formulada la teoría) la madre (insustituiblemente mujer) es la responsable de conformar el aparato psíquico de todos los seres humanos.
Resultaría muy extenso plantear aquí los argumentos que desmienten esta teoría tan determinante; basta con decir que las nuevas corrientes psicológicas hacen otra lectura y le dan a la “figura materna” (hombre o mujer) alcances diferentes.
Mi interrogante acerca del padre de Juan Gabriel, en verdad emerge tras la increíble omisión narrativa del mismo. Y no deja de ser notorio, puesto que el artículo hace eje en el abandono y la ausencia (de persona y de amor).
El contraste entre el lugar del padre y de la madre en la crianza se expone crudamente en este escrito, donde se da totalmente por sentado que la existencia de la figura paterna no es relevante, por tanto no debe de extrañar que en el relato no aparezca ni una letra dedicada a contarnos algo sobre el padre de este hombre (Juan Gabriel) que parece haber nacido de un repollo.
Hay que luchar por ese espacio paterno que es tan imprescindible en la infancia de un niño. No hacerlo es discriminatorio y marginal. Y de la misma manera, hay que procurar que la cultura erradique las estructuras ya formadas, donde el amor y la contención dejen de ser patrimonio exclusivo de las mujeres. Maternidad, paternidad, amor, ley, no son aptitudes pertenecientes y excluyentes de cada género. Y esto es aplicable también a la conformación de la sexualidad.
La consigna es no retroalimentar los estereotipos.
Un saludo
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Primero quisiera contarle al o la que escribio antes(digo asi porque no da su nombre completo) que Juan Gabriel es “el Artista”(si no lo conoces es porque no sabes NADA de musica. tambien te digo que sufrio la perdida de su papa cuando tenia 3 meses de vida,te cae la ficha porque ese espacio paterno estuvo vacio?no entiendo porque te pones a opinar sobre alguien que no conoces, ni sabes su historia.parece que el que nacio de un repollo sos vos, cuando escuches algun tema que te guste fijate en la parte donde dice “autor” seguramente dira Juan Gabriel. tiene mas de 800 temas compuestos por El .por otro lado quiero creer que si llegas a tener hijos (no creo que los puedas tener… digo por tu inclinacion sexual )seas hombre o mujer (no lo aclaras,por algo)los vas a cuidar alimentar, contener.amparar proteger si es necesario solo/a.Los estereotipos a veces escapan a las reglas,y cada uno maneja su salud psicologica como puede, los abandonos,las humillaciones, las partidas nos marcan,y hay que vivir tratando cada dia ser mejor. o no?
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Referente al artìculo el autor creo que narra la vida de Juan Gabriel como el la conociò; en cuanto a Mel su punto de vista se refiere al actual lugar en que se encuentra la mujer y su papel en la educaciòn de los hijos, refiriéndose que la responsabilidad es compartida con el hombre. Claro que estando sola lucha de acuerdo a sus circunstancias.
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Hola Betty, creo que hablamos de dos cosas diferentes. Gloria Ayala hizo una lectura más acertada sobre mi comentario, aunque me veo tentada de explicarme mejor.
En principio contarte que soy mujer, el nombre masculino Mel no es común en sudamérica =) (http://www.nombres.im/Mel), y aunque realmente no creo que este dato te ayude a comprender qué fue lo que dije en el comentario anterior, sí creo que saciará tu curiosidad…
Podría contarte más cosas de mí para saciarla por completo (noto que pusiste mucho énfasis en interpelar varias cuestiones que hacen a mi persona), pero sabrás disculparme; no frecuento este sitio para hablar de mí con comentaristas que no conozco, sino para leer notas que me interesan mucho y dar opiniones cuando me nace hacerlo.
En este caso particular, mi comentario estaba indagando específicamente en la redacción del artículo; en el enfoque que tiene. Lo que yo pongo en cuestión es algo referido a la mirada epistemológica que guardan algunas apreciaciones o conclusiones del autor.
Encontré en este artículo recursos literarios brillantes (a mi gusto)… realmente bellos, pero en lo que hace al ángulo de análisis disiento, ya que reconocí en el mismo, una vertiente muy extendida en el campo de la psicología, con la cual no estoy de acuerdo en muchas cosas. (Campo que me es muy familiar, también el de la educación).
Reconozco que comprender mi planteo exige tener cierto conocimiento en la materia, pero también apela al sentido común y, especialmente, a repensar las cuestiones que hacen a los estereotipos; los roles paterno y materno, la influencia que estas pautas ya establecidas (y difíciles de desarraigar) ejercen sobre la constitución psíquica, y lo nocivo que resulta ampararse en una teoría científica que alienta a perpetuar estas estructuras, siendo que las cosas cambian inevitablemente.
Hoy la figura paterna (que no se trata exclusivamente del padre biológico) debe cobrar un protagonismo igual al de la figura materna, en especial en lo que hace a otorgar instancias de contención, amor, sensibilidad… eso enriquece enormemente el universo emocional del niño, y disminuye el desarrollo de la violencia.
(”… hay que procurar que la cultura erradique las estructuras ya formadas, donde el amor y la contención dejen de ser patrimonio exclusivo de las mujeres. Maternidad, paternidad, amor, ley, no son aptitudes pertenecientes y excluyentes de cada género”).
Era sólo eso, un diálogo con el autor, una devolución a su planteo, un intercambio de miradas, que no está mal ampliar y compartir con vos, así es que bienvenido sea este intento de entendernos! (espero haberte ayudado a lograrlo).
Ahh, y en relación a “Juan Gabriel”, gracias por los datos, disculpas si mi ignorancia sobre él ha herido tu susceptibilidad… supongo que quedó claro que nada de lo que dije en mi comentario anterior juzga su historia o su persona (ni como músico ni como hombre)… ya que, repito, no lo conozco.
Un saludo!
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