Dolores Dorantes tiene razón (ver el Dardo “¿Otra Reseña?”): gran parte del “periodismo cultural” en México es, por lo menos, cortesano. Y entrecomillo “periodismo cultural” porque tampoco creo que mucho de lo que se hace puede ser llamado así. Mi oficio tiene códigos. Esos suplementos dedicados a publicar sólo “adelantos” que resuelven la urgencia de contenido y permiten a los editores (muchos de los cuales también escriben libros) mantener cercanía con las casas editoriales, no hacen periodismo. Ni les interesa. Sólo hablar de los cuates y ya.
Alguien me compartía su malestar por el cierre de algún suplemento cultural. Le contesté –porque así lo creo– que sí es terrible que se cancelen estos espacios. Pero es más abominable que nosotros, quienes podemos conservarlos, hagamos el papelón como editores. El lector no se merece que se cierren los suplementos; en todo caso, los editores mediocres sí. El que importa, sin embargo, es el lector. Lástima por él.
Hay muchas excepciones, por supuesto. Bravo por esos espacios y por esos editores. Porque si en la primera oportunidad aplicamos la “medida de los amigos”, poco estaremos haciendo por la cultura, que lo último que necesita en un país tan pobre son reyezuelos insensibles, editores mezquinos que creen que nuestro oficio no es público, sino privado.
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¿Qué puedo hacer?