Shadenfreude. Palabra alemana que se pronuncia algo así como “chadenfroide” y quiere decir “el inesperado placer que produce el sufrimiento del otro”. Es un sentimiento que según Judith Warner, articulista del New York Times, los americanos esperan tener, pero que no pueden lograr, ni siquiera regocijarse ante la caída de los súper ricos, porque el descalabro financiero ha afectado a todos. Sí, ¡que se frieguen los de los Porches, Mercedes, Ferrari’s y diamantes! Es más fácil decirlo cuando no va atado a que yo conserve mi Tsuro o mi Bocho. Fácil desear que pierda el hypergandalla, pero no cuando perdemos todos.
En la teoría de competencia económica (que es la base jurídica y económica para las leyes antimonopolios) una de las ideas claves es determinar si el efecto de las prácticas de la empresa afecta al mercado de una forma adversa. La idea central es que habiendo mayor competencia (y no competencia transa con acuerdos de precio, arreglos de distribución, ni nada de trampas) el mercado se beneficia. Las ganancias de los productores también se mantienen niveladas porque si alguien ve que a alguien más le está yendo bien, entra a competir. Claro que en México eso no pasa (sólo en los puestos de tacos), porque el gobierno parece que todavía no se entera que su labor es proteger al consumidor. Si vieran como las autoridades de competencia económica europea protegen a los consumidores de allá… o por decirlo de otra manera, si nuestras autoridades nos protegieran como esas jamás de los jamases pagaríamos tanto por autos, electrónicos, cemento, teléfono, celulares, maíz, tortillas… (la lista es interminable).
Una distribución más justa de la riqueza es esencial, pero eso no es lo que está sucediendo ahora. Lo de ahora es una crisis lisa y llana, causada como otras por el exceso de avaricia y la falta de regulación. Ya hasta las ganas de que le vaya mal a Slim se me quitaron, si eso significa que a todos nos va peor. Aunque nunca, (y Dios quiera viva para verlo), se me van a quitar las ganas de que en México exista competencia y no el triste oligopolio que padecemos.



















Compartir