La suerte del resto del sexenio dependerá en gran medida de la decisión que tomé Felipe Calderón al designar al sucesor de Juan Camilo Mouriño. Con una presidencia atrincherada, una economía en retroceso, la inseguridad galopante, comicios adversos en 2009, y un gabinete sin liderazgo sobre la sociedad, Los Pinos requiere de un operador capaz de hacer control de daños e impulsar una agenda estratégica. El problema está encontrarlo. A mi juicio, habría cuatro criterios para orientar la búsqueda:
1.- Peritaje del avionazo. Si Calderón considera que detrás de la muerte de Mouriño hubo un atentado, tendrá que optar por un secretario de perfil “duro”, militar quizá o con experiencia en áreas de seguridad. Tendrá que enviar un mensaje firme a los adversarios, a tono con su frase del martes pasado “no nos doblegaran”. Pero si el Presidente termina convencido de que fue un accidente, su designación tendría que responder a criterios más convencionales y buscar a un operador político.
2.- Gran pasado, nulo futuro. Los presidentes priistas sabían que el candidato idóneo para secretario de gobernación es un político con un “gran pasado”, que carezca de un “gran futuro”. En otras palabras, su oficio político debe ser reconocido por tirios y troyanos, y a la vez, debe carecer de aspiraciones y/o posibilidades para una candidatura presidencial.
Texto completo en www.jorgezepeda.net.


















Compartir