Gabriel Orozco

Lorea Canales

Lorea Canales es abogada, periodista y escritora. Estudió derecho en el Tecnológico de Monterrey e hizo la maestría en la Universidad de Georgetown. Antes de escribir sobre temas jurídicos para el periódico Reforma, trabajó en diversos despachos en Monterrey y Washington y dió clases de Derecho Público en el ITAM. Trabajó en el equipo de campaña de Felipe Calderón. Su más reciente publicación fue el perfil del cementero regiomontano Lorenzo Zambrano para el libro Los Amos de México. Actualmente vive en Nueva York con su esposo y dos hijas. Está cursando la Maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York.

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“Los artistas aún se deja apantallar por la autoridad, el poder, la moral, el dinero, el éxito y esas cosas que limitan la capacidad de experiencia del individuo en el mundo y en el arte.” GABRIEL OROZCO.

El martes se inaugura en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el MoMA una muestra de la obra de Gabriel Orozco, la exhibición viaja además al Pompidou, al Tate y a Basel, lo que se conoce como el Gran Tour que equivaldría no sé, a los Siete Tours de France de Armstrong, a ganar el mundial de fútbol varias veces, a ir a la luna?… los artistas que tienen este reconocimiento usualmente están muertos, Cezanne, Rembrant, Matisse y Picasso han tenido exhibiciones de éste calibre, y los vivos suelen ser artistas como Louise Bourgoise quien tiene 98 años. El nombre de Gabriel Orozco estará impreso en millares de carteles y con ellos el nombre de México. Su obra será vista por millones de personas. Es un acontecimiento verdaderamente importante. A mi me emociona más que navidad.

Desde hace años estoy enamorada de una foto de Gabriel Orozco, creo que la vi por primera vez en el Centro Cultural Muros en Cuernavaca, que es un valioso museo poco conocido que alberga la colección de Natasha y Jaques Gelman. Es una foto de una pelota flotando en una alberca, pero en primera impresión, parece una foto del cielo y de la luna, es una foto en apariencia sencilla, pero que abarca mucho y puede leerse de distintas formas, hay otras fotos parecidas, en donde el balón está medio ponchado. Ya conocía algo de su obra, había visto los boletos de Aeroméxico dibujó con tanto humor. Unos años después en el Palacio de Bellas Artes pude ver su retrospectiva y familiarizarme más con su obra pero lo hice como la completa amateur que soy, sin leer los artículos explicativos, hablando mientras veía la exposición, poniendo atención, pero no tanta.

En la novela que estoy escribiendo tengo un personaje que es artista moderno, una joven mexicana, que ha alcanzado algo de reconocimiento. Ella va al Museo de Arte Moderno, y sueña con la idea de exponer su obra. Sabe ya que Gabriel tendrá su retrospectiva, y se lamenta pensando que tendrá que esperar hasta que pasen por el museo artistas de todas las nacionalidades, etnias y razas, antes de que vuelvan a poner a un mexicano. Cuando conocí a Gabriel le dije que su nombre aparecía en mi novela, y le conté el contexto. “Ja, me dice, cómo si fuera tan fácil. Qué comentario más naive. Si es que es naive, o peor es casi mezquino, pensar que así funciona.” Seguimos hablando de arte, yo sentía que me hundía en un pozo de lodo, todo lo que decía era tonto, mal informado, naive, poco pensado e infantil. Sabía que lo que tenía que hacer era callar, pero yo intentaba de salir del lodo, y decía algo más, peor que lo anterior, enlodándome más, mostrando mi ignorancia y falta de espesor. Ahora no me avergüenza decirlo, pero entonces salí de la conversación derrotada y desinflada. Tengo que aclarar que Gabriel no dijo nada que me hiciera sentir mal, él se mostró de lo más amable, pero yo me daba cuenta de cómo rebotaban mis palabras en sus oídos. Sólo tenía que ver sus ojos.

Cambié esa parte de la novela, cambié al personaje entero y traté de hacerla más interesante. Me puse a leer todo lo que encontraba sobre la obra de Orozco y creció mi respeto y admiración. Un buen lugar para empezar es buscando su nombre en youtube, hay muchos videos bien producidos sobre su obra y entrevistas. Escuché como hablaba, como explicaba su arte… y por eso, por esa pequeña experiencia, creo ahora entender su enojo, o desesperación, ante la crítica mexicana, que tontamente como yo, atribuye su éxito a una rueda de la fortuna, a ganar un sorteo –cómo si siguiéramos pensando influenciados por la publicidad de la Lotería Nacional. Reproduzco las cartas que publicó Reforma (no se puede hacer links al sitio), creo que son importantes porque reflejan algo de cómo tratamos a nuestras súper-estrellas –las lastimamos, les damos patadas, los silenciamos, los echamos fuera.

He estado leyendo sobre la vida de Sor Juana Inés de la Cruz y no puedo más que hacer una comparación. ¿Porqué mandamos callar a la monja? ¿Porqué le quitamos sus libros? Uso la primera persona del plural, porque aunque yo no soy Juan de Palafox y Mendoza, el odioso obispo y virrey que le prohibió continuar el estudio y la escritura, creo que el acto del obispo no es singular, hubo una sociedad que le permitió ello, que no acudió a la defensa de Sor Juana, su brillante defensa Respuesta de la Madre Sor Philotea de la Cruz, no fue suficiente para salvar su vida –desprovista de sus libros y sociedad, vivió muy pocos años. Igualmente creo que hay una sociedad mexicana compuesta de individuos en su capacidad de gobernantes y civiles que sigue devaluando, oprimiendo y maltratando sus más grandes tesoros, ya sean los niños de nuestro país, sus recursos naturales, sus playas y litorales, culturas indígenas o sus artistas. Algunos se pueden salvar huyendo al extranjero, pero no así la mayoría. Ojalá este reclamo de Orozco encuentre eco y que como sociedad aprendamos a valorar lo que realmente importa.

“Los artistas aún se deja apantallar por la autoridad, el poder, la moral, el dinero, el éxito y esas cosas que limitan la capacidad de experiencia del individuo en el mundo y en el arte.” GABRIEL OROZCO.

En una carta dirigida al galerista José Kuri, el artista mexicano Gabriel Orozco cuestiona los textos de los críticos españoles Sergio R. Blanco y Estrella de Diego, publicados en El Ángel el pasado 22 de noviembre.

Estimado José:

Te escribo sobre la dupla de artículos recientes en el suplemento El Ángel del periódico Reforma que habla sobre el éxito de mi carrera en relación a mi próxima exposición en el MoMA y que, para resumirlos en uno, podríamos titularlos algo así como “El milagro del éxito del mexicano de la fórmula secreta” o simplemente: “Orozco: el secreto del éxito milagroso”. En estos relatos con entrevistas (una a tu hermano Gabriel, o sea a ti, o al galerista llamado Gabriel, o a José, ya no entendí…) los dos autores -para abreviarlos en uno llamémosle Blanca Estrella (¿En el periodismo se vale equivocarse de nombre, no?)- describen la historia de mi “estratosférico ascenso” repitiendo sin censura estilística palabras como coincidencia, circunstancia y suerte, sin mencionar, ni una sola vez, las palabras talento, originalidad o, ya de perdida, que los agarré de sorpresa! Hablan también de “darle al clavo” al gusto internacional… ¡Como si eso existiera! O como si además existiera un gusto nacional… ¡O como si todo fuera cuestión de gusto! También dicen que mi éxito se debe a que me convertí en el artista latinoamericano preferido de la crítica anglosajona, y claro, esto, en tono despectivo. Sin darse cuenta que por mi obra me convertí en el artista latinoamericano más visible y en un artista reconocido por la crítica y los artistas contemporáneos de mi continente.

El problema es que esos dos artículos deforman un poco la historia de mi carrera hasta llegar a especulaciones alarmantes, que no sólo no develan lo que llaman el “milagro” de mi éxito ni su verdadera circunstancia, sino que lo empañan con el vapor del hervor de su mala leche. Porque llegar a decir que la Caja de zapatos vacía o La piedra que cede puedan tener -en sus palabras- “excesos de complacencia con los discursos más institucionalizados, aquellos que se mueven en torno a parámetros colonialistas y en cierto sentido paternalistas” es a propósito equivocarse de artista. No sé si lo hacen para no mencionar a los artistas en México que se acomodan en obras y estrategias derivadas de la mía pero definitivamente violentas, cursis y melodramáticas, que paternalizan hasta tatuar, simbólica y físicamente, a su público asalariado-colonizado disfrazado de barrenderos “voluntarios”. El chantaje emocional como estrategia de explotación de lo políticamente correcto del artista extranjero exótico “exiliado” en México, llegó a niveles tragicómicos, la verdad. Artistas, más que paternalistas, que son padrotes en su pública y económica manipulación del cuerpo ajeno y que convierten al arte en espectáculo del poder de aprovechamiento de la mano de obra barata del tercer mundo. Ese simplemente no soy yo.Me pregunto si los artistas jóvenes en verdad creen que las estrellas, la suerte, las coincidencias o el beneplácito del poder, me dio lo que tengo. ¿Cómo han cambiado las cosas desde aquel milagrito mío que dicen, no?

Me pregunto entonces, si el reciente reconocimiento internacional al arte mexicano, iniciado gracias a ese milagrito, es también pura suerte y beneplácito del poder colonialista. Sí cómo no…

De Portada

En voz de Gabriel Orozco

¿Alguien se acuerda de lo insignificante internacionalmente que era el arte mexicano antes de cambiarlo? ¿Milagrosamente? ¿Te acuerdas de Raquel Tibol leyendo en voz alta un libro sobre lo que eran las instalaciones? Era para que el público de la exposición del Desierto de los Leones comprendiera lo que estaba pasando ahí. Una exposición de instalaciones en sitio específico, relacionadas con la arquitectura y el lugar de esa manera, no se había hecho en México, y las personas (incluida Tibol) se pusieron a estudiar. Ahí comenzamos a cambiar el arte en México. En 1988, antes de irme a Nueva York, se gestó el cambio. Eso de que todo lo hice desde Nueva York es mentira. Lo hice en México y después lo mandé a volar y desde afuera se consolidó ese cambio… Parece fácil… -Con el escándalo que se armó con mi primera exposición en el MoMA y que propagó imágenes de mi trabajo por todos lados. ¿Recuerdas la cara de críticos locales? Era como si se les hubiera aparecido el chamuco. Desde ahí comenzaron a demonizarme. Por cierto, ¿sabes cuánto dinero dio Conaculta al MoMA en aquel momento de los mil quinientos dólares que les pidieron para el folleto? ¡Cero! Que porque preferían apoyar otros proyectos, de otros mexicanos de otro tipo en el futuro inmediato, ofreciéndole al MoMA que si querían Conaculta podía sugerirles algunos nombres… ja ja ja…

En fin, este tipo de subtextos velados con una aparente imparcialidad académica y una deficiente documentación, deriva en un historicismo chafa, donde el talento de un individuo para entender su momento y hacer las cosas como se le pega la gana y encontrar nuevas artes para la vida y la obra, nunca serán la razón de su éxito. Si acaso pueda parecer increíble a estos mexicanos que un paisano haya innovado e influido a otros artistas del mundo, lo cual, aunque no se mencione -en su desglose de los ingredientes para mi triunfo-, es una medida y quizá la razón principal del éxito de mi obra en estos años. La novedad, no el exotismo, es lo que hace fortuna. Y el que hace algo primero que los demás se hace imprescindible como punto de referencia. El éxito vino después de la creación de algo nuevo… que tuvo éxito.

Ya sé que siempre me dices que no pierda el tiempo en esto y te preguntarás por qué escribo estas cosas. Creo que es tiempo de decirles a los nuevos historiadores locales que exigen tanto moralmente, que aprendan a exigirse a ellos mismos primero. Que lean con atención a los mejores críticos e historiadores del mundo, así como nosotros aprendimos de los mejores artistas. La verdad es que es una pena que todavía no haya un “milagro” de la crítica mexicana del arte contemporáneo. Que no haya aparecido alguien que sea admirado en el mundo entero, y no sólo por los que se interesan solamente en el arte mexicano, sino por todos los que se interesan en el arte contemporáneo en general. No existe el historiador mexicano que tenga una voz original escuchada. Qué lástima. ¿Será mala suerte? ¿O que las estrellas no se han alineado…? Creo que simplemente están a gusto con lo que ellos creen que saben. Habrá que regalarles un espejo grande y redondo.

Muchos saludos a Mónica.

Nos vemos muy pronto en Nueva York.

Gabriel

Nueva York a 1 de diciembre de 2009


2 comentarios

  1. claudia agrega este comentario | Permalink

    Parece que México es el país de las Sor Filoteas, el extremo es Juárez.
    Felices fiestas!!
    c.

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  2. Javiera Iturbe agrega este comentario | Permalink

    Estimada Lorena,
    Publicas la carta de Orozco criticando unos artículos de Reforma, pero no publicas los textos que citas de este periódico. Acudí a estos textos y los leí. No me parece que lastimen en nada a Gabriel Orozco. Es más, hablan bastante coherentemente de él. Ojalá los puedas leer.
    En cuanto a la carta de Orozco, te diré que ha causado bastante rechazo en la comunidad artística mexicana, especialmente en las generaciones anteriores a él, sobre todo por su frase: “¿Alguien se acuerda de lo insignificante internacionalmente que era el arte mexicano antes de cambiarlo?”. Me parece que más bien Gabriel Orozco no supo aceptar una crítica distinta a la imagen que él mismo ha construido de sí. Y te diré que yo admiro su obra (menos las pinturas de circulitos, claro). Pero sus innovaciones en el arte no le dan derecho a obligarnos a todos a que lo consideremos un Leonardo Da Vinci mexicano. Esa decisión la toma el espectador, no el artista. Y no digo un Diego Rivera, porque parece que Orozco, en su carta, considera que es “insignificante internacionalmente”.
    Gracias y felicidades por Día Siete.
    Saludos
    Javiera

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