En los registros fatales de las cajas negras, casi invariablemente se escuchan primero las alarmas; posteriormente conversaciones serenas, que devienen agitadas sólo en algunas ocasiones; y, finalmente, algún sosegado estallido. Durante las grabaciones permanece un sonido eléctrico, cuya duración excede incluso la conclusión del accidente. Quien busqué alguna representación trágica, patética y estimulante, se decepcionará.
La única lección que alcanzamos a leer en el registro del ruido cuando desaparecen las voces es la imposibilidad del silencio y la falsedad de la transparencia. La estática revela la indiferencia de la captura ante la angustia de quienes desaparecerán; pero también la opacidad del registro y lo tangible de la borradura. La persistencia del ruido, es decir, la estática, es el equivalente al pulso que condiciona la caligrafÃa del escritor o el titubeante pulso del pintor revelado en el lienzo.
Conclusión: no existe la ausencia.
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