“México tiene la obligación de evitar que los EEUU caigan con toda su fuerza contra nuestros paÃses del continente”, me encuentro que dice un artÃculo publicado en La PrimerÃsima, de Nicaragua. Y mi primer reacción es el asombro: ¡¿En verdad?! ¿Y cómo es que México podrÃa hacer eso? Luego veo los resultados del referéndum del domingo en Bolivia y veo que Evo pasó de panzazo. Me da gusto que lo hayan ratificado. Sin embargo el panorama es poco halagüeño: los resultados muestran un paÃs dividido en dos cuyos contendientes, de ambas partes, parecen poco dispuestos a respetar la vida y las decisiones de sus contrarios. Me gustarÃa pensar que la expresión de las diferencias no implica la violencia. Pero vuelvo a pensar en México, un paÃs que, valga repetir, tiene condiciones mucho más agradables y, no obstante, tenemos dos facciones que se creen “el pueblo” y que sacaron aproximadamente sólo ¡una tercera parte de los votos! Pero, aún asÃ, se creen “el pueblo” y no dudan en obstaculizar a su némesis a costa de nosotros, los ciudadanos. Sé que las comparaciones en polÃtica internacional nunca son válidas, pero esto no es un análisis y no puedo dejar de sentir que si asà estamos por acá (un tercio vs. un tercio), a Bolivia (un medio vs. un medio) le tocará mucho peor. Ojalá me equivoque y, como dice el articulista de La PrimerÃsima, México pudiera respaldar la institucionalidad boliviana.
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