He visto tantas y tantas horas de Dr. House que ahora cada vez que tengo una comezón en las “axilas” me diagnostico de manera automática desde una salmonelosis subtropical con matices exóticos hasta una osteoporosis avanzada con indicios de lupus. Y es que ¿cómo torear la hipocondrÃa? cuando la TV por cable nos invita a recorrer Estados Unidos a través de sus salas de emergencia para compartirnos los parámetros histéricos bajo los que los gringos miden y protegen la esterilidad -como si ésta fuera una ideologÃa- para luego sacarla de los pasillos blancos con el fin de promoverla e inculcarla en la idiosincrasia colectiva. Nos encontramos frente a una gran guerra no convencional: la DE LA FARMACODEPENDENCIA. Parece que al fin han logrado comprimir las televisiones para convertirlas en cápsulas y asà hacer de la apatÃa sintética un producto más accesible y portátil. Y me pregunto ¿por qué las televisiones no se venden en los estantes de las farmacias? Me gustarÃa ser más puntual, pero este Rivotril está deslizándose por mi garganta como miel púrpura.
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¿Qué puedo hacer?