El conflicto magisterial que hoy se encuentra en uno de los puntos más delicados por el grado de violencia que se ha recrudecido en contra de maestros y padres de familia no hace más que recordar el conflicto social en Oaxaca, hace dos años.
El desfile de tanquetas desplegado en el pueblo de Xoxocotla, Morelos y el numeroso contingente de la PolicÃa Federal Preventiva para contener el descontento social del magisterio, hace evidente la incapacidad de un gobierno local y federal por resolver este conflicto a través del diálogo.
Las detenciones y desapariciones violentas de maestros y padres de familia y el uso excesivo de la fuerza por elementos de la PolicÃa Federal Preventiva, son inaceptables en un paÃs que se dice democrático, estos hechos confirman la criminalización de la lucha social como lo han venido advirtiendo organizaciones defensoras de los derechos humanos y la tendencia del gobierno al autoritarismo.
Otro hecho que vuelve a aparecer en estas movilizaciones sociales, son las fricciones entre maestros y la prensa. Reporteros de las empresas Televisa y TV Azteca, han sido increpados acusándoles de distorsionar información del movimiento, lo que genera un rechazo hacÃa la prensa en general. La responsabilidad de los medios es fundamental en estas situaciones de conflicto social porque ello pone en riesgo a sus reporteros, los más expuestos en un conflicto social como el que ocurre en Morelos.
Los ciudadanos no podemos ser espectadores silenciosos ante lo que ahora ocurre en Morelos, no más Oaxacas que dejen numerosos muertos, desaparecidos, huérfanos y viudas. No podemos permitirlo.
Es momento que las autoridades locales y federales, en cumplimiento de su mandato abran espacios de diálogo y comunicación con los maestros, la represión no es la solución a este conflicto sino todo lo contrario podrÃa generar mayor violencia. Los Congresos locales y federal deberÃan hacer un llamado a las autoridades a solucionar este conflicto antes que tengan que integrar una comisión más para investigar hechos de violencia. No hay que esperar otro Oaxaca.
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