La violencia en Juárez no tiene para cuando acabar. En menos de 24 horas los descarriados volvieron al ataque y ejecutaron a 19 personas en varios hechos sangrientos: Destacan los asesinatos perpetrados en un motel donde encontraron plomo cinco gatilleros y una damisela, que los acompañaba, la cual resultó herida en la masacre motelera. Mientras tanto, soldados y federales se enfrentan en escaramuzas con camarógrafos y fotógrafos, ya que éstos los cazan en accidentes bobos de tránsito (al parecer se les hace muy complicado circular en las calles de Juárez) y en operativos fallidos (también se les hace complicado).
Entre éstas matanzas y escaramuzas tenemos también información amable. El jueves 9 de junio a las tres de la mañana un hombre olvidó las llaves de su casa, no sabe si las perdió en las cantinas que alegremente recorrió en su francachela o simplemente se le desaparecieron.
Al hombre se le hizo fácil rodear su morada y escabullirse al patio trasero librando una pequeña barda. El sujeto trepó y cuando bajaba, colgado del muro, su amada esposa lo agarró a garrotazos, no le dio tiempo de nada, ya en el suelo y en la penumbra de la noche, siguió con la “madrina” que al hombre lo conmocionó.
Ya estando su presa inconsciente quiso verle la cara al mozalbete que atentaba contra su patrimonio familiar y su integridad…con asombro descubrió que era su amado esposo… demasiado tarde, el hombre tuvo que ser hospitalizado, pero por fortuna sólo presentaba huellas de una felpa generalizada en todo el cuerpo, pero su vida no corre peligro. Éstos son los pormenores del amor y la violencia.

















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