Piratería ejecutiva

Berenice González

Ciudad de México, 1974. Estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM e Historia del Arte en la Academia de Bellas Artes de Brera en Milán, Italia. Trabajó como reportera y editora en las revistas Harper´s Bazaar, Cambio y Tentación, así como en la sección cultural del periódico El Independiente. Ha colaborado en diferentes revistas como Origina, Marie Claire y Vuelo, entre otras, así como en el suplemento cultural Confabulario. Actualmente trabaja como Coeditora de Secciones en la revista Día Siete.

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Hay muchas formas de conseguir un taxi en nuestras atribuladas calles. Caminando directamente hasta un sitio, por teléfono, o victimas de la desesperación: extendiendo la mano a media banqueta y pidiendo a Dios, o a quien se pueda, llegar completos a nuestro destino; pero ahora resulta que los riesgos, en cualquiera de los tres casos, son los mismos. Con el pretexto de ser flamantes taxis ejecutivos muchos vehículos han evitado el engorroso, y costoso, trámite de conseguir placas y bajo el pretexto de ser taxis ejecutivos se presentan sin distintivo alguno, lo que según ellos le confiere glamour al trayecto, pero lo que se gana en un halo chic se pierde en seguridad, pues lo que el viajero desconoce es que en el caso de algún accidente, el seguro, en el caso de que se tenga, no responde por los daños sufridos al pasajero. Más allá de la pintura, cualquier vehículo que funcione como transporte público tiene que tener las placas que lo distingan como tal. Además, aceptando viajar en este tipo de vehículos estamos alimentando una de las tantísimas vertientes de la corrupción en nuestro país, pues a este tipo de vehículos se les exige una generosa cuota especial por trabajar en los diferentes sitios y el que pierde es el taxista que se ha preocupado por tener todos sus papeles en regla y que ahora tiene que hacer fila detrás de la “flamante piratería ejecutiva”. Claro que los que también perdemos somos usted y yo, que nos la jugamos doble en este tipo de transporte.


2 comentarios

  1. Rigo Sandoval Uribe agrega este comentario | Permalink

    Taxis de la calle es muy inseguro, no sabes si lo acaban de robar o las placas están duplicadas, como alguna vez en el que venía abordo.

    Es difícil recomendar un sitio de taxis, sobre todo cuando chocas y el compañía de seguros es Qualitas, que se distingue por tener un pésimo servicio con sus clientes (los taxistas) y los accidentados.

    Tarda 2 horas y media en llegar su ambulancia, los hospitales son de mala muerte y te dan de alta sin un diagnóstico profesional.

    Taxielite no te conviene porque el precio lo fijan con una “tablita” que ya tienen, pero siempre le suman más kilómetros.

    Taximex podría ser la mejor opción, pero me han tocados algunos que ya están cansados o manejan muy mal.

    La mejor opción es compar un coche con algún financiamiento. Renault fue mi mejor opción, respecto al precio, financiamiento y seguridad. Y ni aval te piden…

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  2. jesus m. montane agrega este comentario | Permalink

    TAL ES EL CASO DEL SITIO “LOS MORALES” EN POLANCO Y POR DONDE LABORO, EL SERVICIO ES BUENO, PERO LUEGO ME ENVIAN AUTOS PIRATAS Y NO LOS QUE CUMPLEN CON LOS REQUISITOS Y CARACTERISTICAS COMO SE MENCIONO ANTERIORMENTE. O ¿ACASO EN LOS SITIOS SI PÙEDEN FUNCIONAR LOS TAXIS PIRATAS?

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