Aunque la mayoría de los mexicanos de a pie aún estamos expectantes por las repercusiones que tendrá la crisis financiera mundial en nuestros bolsillos, y comenzamos a ajustar –todavía más y más- nuestros ya de por sí magros presupuestos, algunos empresarios nacionales nos muestran, de nueva cuenta, que de plano no aprenden, que las lecciones del pasado les vienen guangas y que, con una ley mercantil y un gobierno que proteje los intereses de un puñado y no los de las mayorías, pues es fácil sortear las malas rachas.
Y es que, primero, el presidente Calderón y sus funcionarios de Hacienda, aseguraron que para México la debacle de los bancos de inversión gringos significaría un “catarrito”; luego, con el contagio extendido, aceptaron que sería una “gripe” y ahora ya de plano diagnosticaron “pulmonía”.
Y, al parecer, lo que será una pandemia mundial ya llegó a las tesorerías de empresas mexicanas que, nuevamente, se engolosinaron, escondieron información a sus accionistas –algo ilegal a todas luces y que debería ser motivo de cárcel- y le entraron con singular regocijo al casino de las ganancias “fáciles” en Wall Street.
La primera en acogerse a concurso mercantil –procedimiento judicial que es preámbulo a la quiebra- es Comercial Mexicana que, con cuentas muy alegres, arriesgó 2 mil millones de dólares en el mercado de derivados en dólares y ahora nomás no sabe cómo pagar la enorme deuda acumulada (¿remember 1994?).
¡Ah! Pero eso sí, la estupidez de los “estrategas” financieros de Comerci, será solventada por la ley, la misma que ellos transgredieron al no dar cuenta de sus operaciones “en lo oscurito”.
Lo grave, además, es que esto apenas comienza.
Por ejemplo, Grupo Financiero Banorte ya reconoció ser uno de los acreedores de empresa de “Julio Regalado” y tiene una exposición de riesgo crédito de mil millones de pesos, a través de un préstamo quirografario que vence en marzo de 2009. Así que ahí pueden generarse impactos directos al sistema bancario mexicano.
Además, como los tesoreros codiciosos y chafas de Comercial Mexicana hay, por desgracia, muchos otros que, con el agua en el cuello, comienzan a pedir ayuda.
Grupo Industrial Saltillo ya confesó que tiene pérdidas cercanas a los 600 millones pesos, también por operaciones en derivados.
De hecho, analistas financieros consideran que Hacienda y el Banco de México ya suponen que estos quebrantos y algunos otros por venir rondarán, para empezar, los 2 mil 500 millones de dólares.
Lo dicho: las lecciones del pasado les vienen guangas a algunos empresarios irresponsables. Y cómo no, si en México tienen manga ancha por parte de los reguladores y ahora, incluso, hasta el pretexto de que tampoco en EU –el “sistema financiero modelo”- supervisan a sus “cascadores” ni la ley les echa el guante. O lo que es lo mismo, y como argumentara el zurdísimo “Puas” Olivares: “Si cayó Nixon, ¿por qué yo no?”
Textos anteriores de Rita Varela Mayorga


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