Hoy fue un día triste para nosotros acá, querido Choco, en el exilio del Distrito Federal (y cito a Jaime Sabines porque leyéndolo nos conocimos, hace poco menos de 20 años). Nos dimos un abrazo y te recordamos al saber la noticia. Pensamos mucho en Blanquita y en tus tres hijos, huérfanos de Felipe Calderón y de todo ese aparato inútil que llaman “gobierno” y que sirve para una tiznada. Pobre Ciudad Juárez. Pobre de Chihuahua. Pobre país, en manos de sombras. Tengo tanta rabia que hasta escribir me hace daño.
Quedas siempre en la memoria, Armando Rodríguez. Que nadie prometa que “encontrará a los culpables” porque nunca será así: los culpables están escondidos en casas de seguridad o en oficinas de gobierno –da lo mismo– y de allí no saldrán. Ya lo sabemos. Tu lo escribiste. Por eso te mataron.
No creemos en nada, querido Choco. Sólo esperamos que tu familia pase este trago de hiel lo más dulce que pueda.
Descansa en paz, amigo querido.
Textos anteriores de Alejandro Páez Varela- Cuántas ganas de hacer cualquier cosa, menos votar
- ¿QUE POR QUÉ NO VOY A VOTAR?
- Nadie les pide que sonrían
- Salvamos a la humanidad. Ajá
- Influenza, votos y gobierno
- Chevalier operador
- Noticias sobre la influenza
- De Amado a Vicente Carrillo
- Una oración de preguntas inocentes
- Rento mi vida amueblada mientras regresas


¿Qué puedo hacer?