Bueno, con todos estos desmanes nacionales vividos en los últimos tres años, yo esperaba que por lo menos los jóvenes nos dieran una noticia amable mostrándonos su lado creativo, en especial en lo referente a la música: toda mi vida (bueno, mis 25 años de vida) me he creÃdo esa teorÃa que enuncia que cuando hay hambre y problemas de corrupción, siempre emergerán buenos representantes de géneros como el rock. Pero hasta ahorita, lo único que he oÃdo es a Panda, a Canseco, a Tokio Hotel y a grupos parecidos.
Entiendo que hay grupos pequeños con muy buenas propuestas, pero, ¿dónde está su capacidad de autodifusión?
Una extraña apatÃa los rodea. Es la apatÃa forzada de la represión. No culpen nada más al gobierno o a Telebizca, que los civiles también tenemos nuestro grado de culpabilidad: el hecho de no dejarlos ser porque pensamos que aún podemos hacernos cargo de las innovaciones y los cambios, sin darnos cuenta que ya hay adolescentes (noticia del dÃa, quienes me lean probablemente sean mayores de 23 años, y por lo tanto ya no son jóvenes strictu sensu… ¡Lástima, Margarito!) que merecen llevar las riendas de ese papel que muchos desperdiciamos, es indudablemente otro obstáculo para la expresión de lo que el joven quiere decir.
Pink Floyd, Bob Dylan, Caifanes, La Barranca, La Maldita y todos ellos son muy buenos, unas leyendas. Pero este mundo gira y no gira entorno a leyendas, sino a situaciones actuales. ¿Les daremos a los jóvenes la oportunidad de demostrarnos que la musa puede tocar a cualquiera, incluyéndolos?
Otro punto serÃa la rara transformación que sufrió el concepto de rock: de ser un género musical propuesto y elaborado para la rebeldÃa, ahora la mismÃsima industria musical le ha dado un sentido tendiente a lo comercial, al consumismo. Ahora, ser un rockstar es mucho más plausible que liderar movimientos ya no sociales, sino grupales. Es el estatus de rockero pasó de un rebelde sin causa a otro que busca los reflectores para tener una vida hedonista y, por lo tanto, feliz.
Háganles un favor: apáguenles el televisor y todo artefacto que merme su imaginación. La mercadotecnia y el consumismo están peleadÃsimos a muerte con la inventiva y la creatividad.
Textos anteriores de Marlén Carrillo Hernández-Ferman




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