Tuve que viajar a Detroit para darme cuenta que en el mundo, y sobre todo en América, han comenzado a existir las ciudades deshabitadas que dejó el paso de la industria. Cadáveres. Detroit, una ciudad fronteriza (frontera con Canadá) es un enorme animal muerto, un pueblo fantasma. Me ancantó Detroit porque me recordó el silencio del que disfrutábamos en este desierto hace ya mucho tiempo. Detroit es el esqueleto de una metrópoli. A pesar de los cientos de casas y enormes edificios abandonados, sobreviven los contadísimos edificios federales.
Gracias a eso el Museo del Instituto de las Artes tiene abierto al público uno de los murales de Diego Rivera que más me gustan: una crítica directa a la industria y a sus generadores: China y Estados Unidos.
Caminar en Detroit es como caminar dentro de un enorme animal muerto, muerto porque la industria automotriz se acabó para ellos a finales de los años setenta. Justo cuando en nuestras fronteras la industria floreció.
El cadáver de este paraíso, en cambio, está todavía muy fresco. La gente no ha terminado de mudarse y por todos lados hay larvas y moscardones devorando lo que encuentran al paso. Los encargados de controlar la higiene funérea son militares y policías que amedrentan a cualquiera que les parezca un gusano (la población es tratada como tal). Los militares viven concentrados en impedir que la epidemia cruce a nuestro vecino país ¿Acaso no fue allá donde la enfermedad comenzó? ¿No es Detroit el vestigio del daño industrial? Sin embargo, poco falta ya para que en esta frontera, los militares de nuestro país nos exijan entrar a las regaderas antes de cruzar hacia el lado norteamericano (¿les recuerda eso a algún holocausto?)
Pasar a la gente por las regaderas fue una ley gringa en los años 20. En esa época no había necesidad de mostrar pasaporte, con que la población se desinfectara era suficiente. Lo peligroso es que ahora, esa humillante exigencia no viene del país extranjero, sino de nuestro propio país. ¿Todavía este país es nuestro, Calderón?

















Compartir