Anónima fama

Rodrigo Bazán

Rodrigo Bazán Bonfil: Colonia Roma, 1971, escribió un libro (de texto) y transcribió otro (de boleros), cría a su hijo, da clase de literatura en la Autónoma de Morelos, sigue hablando en http://podcast.uaem.mx:16080/groups/mirarme/blog// y no ha dejado de fumar.

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La carretera hierve y la fila de autos se extiende desde Topilejo hasta la penúltima curva antes de llegar al DF. Quienes caminaron a mirar qué pasa dicen que se volteó un trailer y tiró un caterpilar. Somos cientos quienes esperamos que nos dejen llegar, que Íñigo siga tranquilo, que no pase sed o hambre, que no me gane una extraña angustia racionalmente absurda porque, “objetivamente” –¿Qué DIABLOS es eso?– tampoco pasa nada más que el fastidio de dos y media horas al rayo del sol. En este mediodía alguien protagoniza la vida de otros mil y ni él ni nosotros sabemos nuestros nombres o qué rostro tenemos; como experiencia colectiva es absurdamente impersonal y, creo, eso es lo que espanta.


6 comentarios

  1. Demian agrega este comentario | Permalink

    El hecho de que sea algo que no controlo y que no sé qué onda, me provoca una frustación inmensa…

    Vaya cosas.

    Un saludo!

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  2. rodrigo bazán agrega este comentario | Permalink

    tal cual! a mi también me da “control feak”

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  3. Arturo agrega este comentario | Permalink

    Creo que la mayor ventaja de no estar en “la ciudad de la esperanza”, es poder descansar del tráfico, no de la psicosis colectiva porque esa existe en todos lados.

    Pero ya me ha tocado, varias veces, regresar de Acapulco en un puente y tratar de desplazar mi esqueleto hasta Satélite, un horror!!

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  4. rodrigo bazán agrega este comentario | Permalink

    Artuto:
    pero si tenías el esterero con dieciséis bocinas y el subguofer llenando la cajuela!
    : )

    (Satélite es tu único gen trisómico, mano, ni modo)

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  5. Fernanda Piñeyro agrega este comentario | Permalink

    No creo que hubieras preferido algo así de personal como “La Autopista del Sur”? =)

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  6. rodrigo bazán agrega este comentario | Permalink

    No lo sé, Fernanda… no lo sé ¿qué parte del cuento?

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