La escasez de información cultural periódica me deprime. El argumento de los medios masivos de comunicación es que no hay anunciantes que solventen las páginas o minutos que se dedican a este tipo de nota. Pero los dirigentes de los medios y los empresarios anunciantes, junto a todos nosotros, se ven afectados por la pobreza de contenidos: ellos mismos, sus hijos, sus parientes y amigos están inmersos en la miseria intelectual que los medios exhiben en su programación o en sus páginas. La idea de que a la gente le gusta la basura (¿a ellos les gusta la basura?) y que por eso hay que darle basura, es una fórmula que evade la responsabilidad que tienen con nosotros y con su entorno inmediato. Es una cuestión de ética pero también de estética señores. Por favor. ¡Un poco de buen gusto! No es que haya que educar al público, también hay que educar a los que tienen en sus manos las decisiones que los otros no podemos tomar.


















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