En septiembre los rusos culminarán una encuesta que ha sacudido a su país:
¿Quién ha sido el ruso más grande y querido en la historia? Para sorpresas de todos Stalin y Nicolás II, el último Zar, se disputan el primerísimo lugar.
Tras lo cual uno se pregunta, ¿para qué ha servido la democracia? Stalin ocasionó la muerte de algo así como 30 millones de sus paisanos y Nicolás II encabezó el imperio decadente y corrupto que mantenía en la miseria a 90% de la población. Uno de los dos será el ruso más admirado por sus compatriotas del siglo 21.
¿Masoquismo? Quizá, pero nada que nos resulte ajeno. Televisa acaba de borrar a Creel de una nota informativa alterando su cara en la mejor tradición del Big Brother de George Orwell. El héroe de antes, ahora es villano porque no apoya la Ley Televisa. Y pese a este engaño descarado y corrupto, el último de muchos, seguimos tratando como héroes a los conductores de noticieros de televisión que se dan el lujo de pontificar y dar lecciones de ética a diestra y siniestra. ¿Por qué no dedican un programa de Tercer Grado a este asunto?
¿Por qué no sólo los seguimos tolerando sino admirando y halagando? (el que haya coincidido con Carlos Loret o López Dóriga en un restaurante o un teatro habrá atestiguado el tratamiento de ídolos que les dispensa el público).
Textos anteriores de Jorge Zepeda Patterson


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