Sergio Arau se preguntó qué sucederÃa si toda la población latina de California desapareciera de la noche a la mañana ¿se darÃa cuenta Norteamérica del aporte a la economÃa, la cultura y la vida cotidiana que 14 millones de personas hacen al estado de California? Arau plantea que, a veces, las sociedades no pueden valorar lo que tienen hasta que lo p ierden.
Hace una década reporteras y reporteros de México comenzaron a desentrañar las historias de los cárteles de la droga. El PRI mantenÃa negociado el silencio sobre las mafias, a José Luis Santiago Vasconcelos lo entrenó la DEA para ser Fiscal antidrogas, y el entonces gobernador Mario Villanueva acosaba, amenazaba y perseguÃa a periodistas que se atrevieron a escribir sobre sus vÃnculos con el narcotráfico. Fueron las y los periodistas quienes lograron que la sociedad comprendiera a lo que se enfrentarÃa. Cuando Felipe Calderón tenÃa una incipiente carrera polÃtica y no hablaba del narcotráfico, el periodismo mexicano advirtió de la posibilidad de que el crimen organizado se apropiara de pueblos y ciudades, de policÃas, alcaldes y gobernadores.
Personas como José Armando RodrÃguez Carreón, rep ortero de El Diario de Juárez, nos enseñaron el significado de la ética periodÃstica, del compromiso con la comunidad. Hace 4 dÃas fue asesinado por los narcotraficantes a quienes investigó durante años.
El periodismo es una linterna para iluminar al mundo; un buen periodismo nos permite entender lo que sucede en nuestra comunidad, nos ayuda a revelar aquello que impide que nuestros derechos humanos se respeten plenamente. Un buen periodismo educa, descubre, revela, ayuda a formar opinión; enciende una flama que ilumina al mundo; que incita nuevas ideas y genera procesos de solidaridad global. Estos a su vez, sensibilizan a más gente sobre la tragedia del dolor humano provocado por los humanos. Un buen periodismo hace la diferencia en la velocidad con que la sociedad reacciona ante un genocidio o un temblor. Cada vez que un gobierno como el mexicano permite la impunidad del asesinato de una reportera o reportero, no sólo arrebata a la sociedad su derecho de conocer la realidad, silencia también a quienes temen perder la vida por decir la verdad.
Imaginemos un dÃa del mundo sin periodistas. Nadie sabrÃa lo que sucede en su comunidad. Ni el clima, ni el tráfico, ni los peligros, ni las buenas nuevas, ni los pequeños milagros cotidianos . SerÃa un mundo habitado por el silencio, una fiesta para los criminales, un aliciente para los polÃticos corruptos y abusivos. Un dÃa sin periodistas es lo que nos espera si la comunidad internacional no reacciona adecuadamente ante el silenciamiento de las y los reporteros del mundo que muestran las violaciones a los derechos humanos.
Albert Einstein decÃa que el mundo es un lugar terrible, no por lo que hacen los malos, sino por aquello que las personas buenas dejan de hacer. Conversando con un General, le escuché uno de los elogios más grandes para cualquier periodista. Dijo que hace años él logró comprender la psicologÃa del narco mexicano gracias al periodista Jesús Blancornelas.
En su soberbia tanto el presidente como muchos gobernadores subestiman los asesinatos de periodistas. Ahora con la guerra, han olvidado que durante años las y los reporteros fueron quienes le explicaron a México cómo, cuando y dónde nacieron, se reprodujeron y fortalecieron los cárteles de las drogas que hoy devastan a México. www.lydiacacho.net
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