Cada tanto (cada depre) releo novelas que me han sacado a flote: no me sorprenden, muestran que Sabina erró y “al lugar donde has sido feliz sí pudieras tratar de volver” reencontrando calles por pasear con gente conocida para, a lo Kodak, creer aquello de “recordar es volver a vivir”
Entonces todo está bien.
Salvo que leer no es un lugar. Salvo que sedarse en el reencuentro hace imprescindible una narrativa sólida y “de consumo” (fans de las Obras Maestras absténganse). Salvo que en veces como ésta, no puedo elegir entre “La sombra del viento” y la protección de Héctor Belascoarán Shayne: no me da el humor para el romanticismo-Ruiz Zafón, los días de combate resultan ser éstos.

















Compartir