A mi amigo Francisco, quienes lo queremos, le llamamos “Malo”. Ese “otro” nombre surgió cuando él era muy joven: un niño, para ser exactos. Trabajaba en un centro de ayuda juvenil (estoy hablando de hace más de 25 años) que se llamaba “Projuve”. En este centro ayudaban de muchas formas a los niños de la calle. Malo, a sus 14 años de edad, era parte del equipo de “Projuve”: servía como ayudante voluntario.
Cuenta la leyenda que un día recibieron a un niño gravísimamente enfermo de sífilis. El niño, de 9 años de edad se prostituía para comer y su enfermedad estaba tan avanzada (era un niño, pues, en estado de putrefacción) que tenían que inyectarlo directamente y de manera urgente, en sus genitales. Los doctores intentaron convencerlo a toda costa de que el asunto era cuestión de vida o muerte pero, el niño se negaba a cooperar. Nadie se atrevió a intentar “domarlo”. Entonces a alguien se le ocurrió consultar a Francisco. Francisco, otro niño, sencillamente pidió que le proporcionaran un cuchillo “cebollero” para entrar a platicar con el enfermo. Cuando entró le preguntó: “¿sabes quién soy yo?” y luego agregó la frase mágica: “yo aquí soy El Malo” enseguida sacó el cuchillo y dijo al niño que era “el que amputaba las enfermedades de raíz” y dado que no cooperaba para ser inyectado, El Malo cortaría su pene enfermo de tajo. El niño, obviamente, escandalizado y en shock, accedió a ser tratado sin importar cuan dolorosas fueran las inyecciones.
Todos, alguna vez en la vida somos un niño como ese. Estamos enfermos (quizás no físicamente) y nos negamos a cooperar para sanar; si tenemos suerte se nos aparece El Malo, y es hasta que vemos cerca el cuchillo que decidimos enfrentar las consecuencias de nuestros actos, y comenzar a cooperar con la vida. Siempre estaré agradecida con todos los Malos, y con todos los cuchillos aunque, Malo tan bueno como mi amigo Francisco, sólo hay uno.
4 comentarios
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Dolores muy agradable su comentario, con una enseñanza que nos ilustra como hacer que una persona cambie su enfoque de la vida, ante circunstancias díficiles.
Sin duda que “el Malo” hizó muchos puntos buenos que sin duda la vida le regresará positivamente por sus buenas acciones.
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Creo que es muy común que le digamos a los niños que si no se toman un jarabe, luego viene la inyección, o la visita al médico, o la muerte. Y de ese modo, como el Malo, les vendemos el recurso de lo menos peor, que también es a veces lo mejor. Valiosos tanto la persona como el personaje, y la atmósfera del cuento.
Saludos de este otro mismo desierto, Lolita.
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El Malo, una gran persona, demasiado noble. Llevo poco tiempo conociéndole pero lo admiro sobremanera.
Este escrito es hermoso, felicitaciones.
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Saludos y gracias por sus comentarios. En realidad, querido niño, no se trata de un cuento, pero qué bueno que te gustó la atmósfera.
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