No acostumbro llenar mis conversaciones de chat con caritas felices (smiles), brillos, letras estilizadas o animaciones en flash, como si por introducir 10 emoticones de esta naturaleza en una oración que tiene apenas seis palabras consiguiera optimizar mi comunicación interpersonal en un medio que de por sí, valga la redundancia, media la relación.
Aunque la explicación inmediata a este fenómeno recae en que los emoticones ayudan a comunicar emociones, a aproximar a quienes buscan ponerse en común, pues existe la necesidad de reflejar la ausencia de información paralingüística (tono de voz, intención, gesticulación, emblemas, adaptadores); también es cierta la contraparte que afirma se trata de inmediatez y reducción del lenguaje. ¿Cómo explicarle a los grandes literatos y poetas que ahora con tan sólo poner dos puntos y un paréntesis, o dos puntos y una letra “de” mayúscula (
) se concluye el estado de ánimo de una persona, el estado de su alma? Son abstracciones, muy generalizadas, pero la palabra “amor” también lo es. ¿Cuál es entonces la diferencia? La coincidencia: se subordinan a un contexto, primeramente cultural y finalmente, personal-circunstancial.
Y cierto es que los uso, sólo cuando encuentro alguno que considero refleja el matiz de mi personalidad (con el uso de las palabras sucede algo parecido, con la moda también). En sentido estricto se trata del texto y el contexto. Este “nuevo” recurso se sofistica conforme sus creadores ponen a trabajar su creatividad, conforme el medio permite hacer representaciones más acertadas y diversificadas, y nunca se terminará de completar el catálogo de posibilidades en tanto distintas personas que se comunican existen.
Es necesario entender que los emoticones: 1) Ya no son sólo lo que representan, sino el mensaje mismo y 2) en ningún caso sustituyen al lenguaje corporal. Sería un error omitirlos porque remiten a lo visual, y somos seres casi 60% visuales. Pero al usarlos no se debe perder de vista que se podría dejar en segundo plano eterno el reto que significa ejercitar nuestra producción escrita, cuidar la sintaxis, metáforas, buscar las palabras adecuadas y pulir el significado de nuestras ideas, crear todo un mundo de letras cuasi inmortales y fundirnos con ellas.
3 comentarios
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Hola Jessica, es interesante analizar los recursos que provee el contexto (como bien marcás); comprender que en primera instancia se trata de eso, de un recurso adaptado al medio.
Según el protagonismo que este medio tenga en nuestros hábitos de comunicación, es muy factible que se disuelvan ciertas costumbres que teníamos antes, que se renueven ciertas practicas o prevalezcan otras.
Y en relación a esto, es que observo que hoy día, con emoticones o sin ellos, el hombre tiene un ejercicio de la escritura ampliamente mayor que el que tenía antes de existir Internet.
Se puede discutir un poco acerca de ese ejercicio, si es precario el desarrollo de la escritura o no lo es, sin embargo, en comparación con antes, es notablemente más avanzado (ya que lo estamos comparando con “escribir algo” vs “no escribir nada”).
El hecho de que hoy existan emoticones no significa que antes sabíamos “ejercitar nuestra producción escrita, cuidar la sintaxis, metáforas, buscar las palabras adecuadas y pulir el significado de nuestras ideas”, y que con este nuevo recurso dejamos de hacerlo.
Antes tampoco se ejercitaba nuestra producción escrita, y quienes lo hacían, no han dejado de hacerlo por la existencia de emoticones (de hecho son quienes no lo usan).
Más que preguntarme por el desarrollo de la escritura, me pregunto por el desarrollo del habla; y es que observo que este medio nos está sumiendo en el ejercicio permanente de “escribir” lo que pensamos y sentimos, ejercicio que, por otro lado, es de índole individual y solitario en comparación con la práctica del discurso hablado.
El teclado (la escritura) es todo lo que tenemos para comunicarnos en este medio, configurando una instancia muda que favorece el aislamiento y la introspección (exceptuando las cámaras web que, en caso de usarlas, resuelven sólo un 20% de la actividad comunicativa en Internet).
De ahí que se puedan derivar inconvenientes relacionados no con la fluidez y claridad en la oratoria (ya que la lectura aporta a esto) sino con un estadío más profundo en el hecho comunicacional: la intención y disposición a establecer comunicación directa con las personas que nos rodean.
En paises muy desarrollados tecnológicamente se observa la dificultad que hay entre las personas para comunicarse hablando, cómo este ejercicio se va limitando cada vez más al discurso formal, es decir; lo mínimo e indispensable para interactuar con el entorno (interacción comercial o protocolar).
Creo pues, que es la escritura, y no los emoticones, lo que daña la comunicación interpersonal, y no porque la escritura en sí misma sea dañina, sino porque es el recurso por excelencia de las tecnologías comunicacionales.
Un saludo
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@Mel: Hola hola
Qué bueno que rescatas el aspecto de reducción que puede llegar a sufrir la comunicación oral en vista de los adelantos tecnológicos. Es real, y el fenómeno habla de disminución en las habilidades de socialización cara a cara. Sin embargo, ahora la socialización se lleva a cabo en medios electrónicos en los que con el poder de un click, o de un emoticon que representa un saludo, se establece “amistad”. Yo rescataría este punto, porque aunque en apariencia “se escribe más”, se escribe con menos contenido, (sin generalizar, sólo buscando generalidades). Además, se recurre a nuevos códigos que alteran las convenciones de la lengua establecidas precisamente para optimizar la comunicación y vida en sociedad. Manejar códigos de reducción de palabras, y claves alfanuméricas sí se puede convertir en un hábito que limite en mucho la capacidad de ser descriptivos y dibujar con mayor exactitud para nuestros lectores los procesos que alberga nuestra mente. No siempre escribir algo en vez de nada es lo mejor puesto que en ocasiones se vicia la posibilidad de en verdad “escribir algo”, “contar algo”.
Como bien lo haces notar, este problema podría no transformar los hábitos de quienes ya tienen una expresión escrita con cierto “callo” y pasión, pero sí merma a las nuevas generaciones que están reproduciendo y reconstruyendo formas de comunicarse.
Me encanta leer algunos de los comentarios en los blogs porque son precisamente una prueba de que la comunicación interpersonal no se limita por el hecho de valerse de las letras, o de un medio como la red. Es más, me parece extraordinario leerte a ti y a otros porque en sus argumentos los conozco quizás mucho más que a mis “amigos” que escriben, en el chat, que se ponen sólo en contacto.
No considero que la escritura en Internet dañe la comunicación interpersonal. Quizás podríamos converger en un primer punto: La comunicación siempre es intencional. Y dependerá de eso si yo decido contestar unicamente: “Gracias por tu comment MeL
” o si aprovecho las demás herramientas que por ahora acepta este medio para “ponernos en común”; sí al conocer “en vivo” a una persona, decido interactuar con ella, hablar, interpretarla como texto y permitir la interacción, o bloquearla y regresar por las noches a mi cuenta, perfil, sesión, y ser la persona más sociable del planeta. Gracias por tu tiempo
¡Hasta pronto!
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Hola Jessica!… no sé poner esos emoticones que usaste, pero para no quedarme atrás voy a hacer uso del método “garabato” =)
Es verdad, totalmente cierto; y fijate cómo son las cosas; que si estuviésemos hablando podría decir “retiro lo dicho”… lástima no poder retirar lo escrito! jajajaja
“No siempre escribir algo en vez de nada es lo mejor puesto que en ocasiones se vicia la posibilidad de en verdad “escribir algo”, “contar algo” –
completamente de acuerdo, cómo ignorar la consigna inalterable de que “nada” es “algo” en potencia. Y más aún en la escritura, donde esta premisa habilita la posibilidad de que emerja la palabra, la idea, el sentimiento… ¿en qué estaba pensando cuando escribí aquello?.
Muchas gracias por tu respuesta, fue realmente esclarecedora, también por tu tiempo.
Un saludo!
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