La democracia es mucho más que eso, pues el voto es el resultado final de un proceso donde se supone que todos los ciudadanos –ricos y pobres, listos y tontos, altos y bajos, hombres y hasta hace muy poco mujeres– contamos por igual. Es un proceso donde asume que la mayoría de la gente debe y puede elegir su gobierno, el cual no sólo está conformado por las personas que nos dirigen.
En México, parece que cada seis años elegimos a un Rey o un Emperador que hace o deshace a su antojo, lo contrario de un gobierno moderno, el cual debe de ser predominantemente institucional, tener un soporte jurídico sólido, que guíe al poder y sobre todo que lo limite.
En cuanto las leyes, labor del legislativo, hasta hace muy poco eran decretos presidenciales, y en el México “moderno” el legislativo se ha convertido en un ring de boicot partidista; un lugar para comer tortas y pagarse salarios absurdos, una escalinata de ascenso social, un lugar para gritar y pegar.
Imposible emitir una idea en el Senado. Imposible una discusión, no porque no haya gente que sí está preparada para hacerlo, sino porque nos hemos ajustado al denominador más bajo, en vez de escuchar al que tenga mejores ideas, escuchamos al que grite más fuerte.
Ante los abusos de los españoles, los indios en México optamos por el silencio. Como no podíamos hablar, callamos, bajamos la cabeza y optamos por métodos más sutiles, nos hicimos güeyes, boicoteamos, aprendimos a robar comida en lugar de exigirla, a robar tiempo en lugar de demandarlo. En silencio, nos protegimos del poder cómo pudimos hasta que la rabia nos hizo explotar y entonces: ¡BUM! Independencia. ¡BUM! Revolución.
El voto en blanco me parece una especie de silencio, un rechazo pacífico, calladito, casi inocente que antecede el: ¡BUM! YA NO TE AGUANTO, ¡BUM! LÁRGATE DE MI VIDA, ¡BUM! NO SOPORTO TU FORMA DE GOBERNAR. Pero por ahora, en vez de decir qué es lo que nos molesta, qué cosas se necesitan cambiar, qué país queremos, qué leyes, qué ideas, qué principios, callamos.
Yo creo que antes del voto, la democracia empieza con las ideas, con el discurso retórico, con el debate, con la capacidad de escuchar al otro, de hacer consensos. No sólo expresemos nuestra inconformidad con el voto en blanco, hablemos, vayamos a un mitin político, involucrémonos en el discurso y digamos qué es lo que nos molesta –¿Queremos terminar con los monopolios de los partidos? ¿queremos reelección de los diputados? ¿queremos abrir el sistema partidista? ¿queremos terminar con la guerra del narco? ¿queremos un sistema judicial más justo? ¿queremos juicios orales? ¿queremos reforma educativa, sacar al esperpento ese que se dice llamar Maestra? ¿queremos reforma laboral?
Cuando llegan nuestros gobernantes al poder, tenemos la tendencia de tratarlos como emperadores, ponernos a su merced, y pasa esto a todos niveles de gobierno. Recordémosles que están ahí para servirnos, que nosotros los elegimos, que de nuestros impuestos sale su salario. Servidores públicos, eso es lo que son. Nada más. Se los debemos de recordar, pero es esencial decirles en qué y cómo queremos que nos sirvan. Exijamos con palabras, con ideas y con acciones.
2 comentarios
-
Muy buen articulo! Corto, conciso y muy actual. Felicidades!
Responder -
Efectivamente. Y, ¿qué sería absurdo?, qué después de tu dardo alguien comentara que tú en realidad estás de parte de algún partido político y que en realidad lo que pretendes es que sigamos apoyando a los poderosos. Pues bien, me parece importante destacar que efectivamente el voto es sólo un aspecto de la democracia, y así como lo comentas, no por no votar se desploma el régimen e instituciones que hemos adoptado, pero de la misma manera es ingenuo pensar que sólo por silenciarnos las cosas van a cambiar. Cuando dejemos de ver en los políticos la solución mesiánica, perfecta e incorruptible a todos nuestros problemas entonces dejaremos de ver el sufragio como la única manera de hacernos escuchar. Ojalá en verdad este suceso del voto en blanco sea una oportunidad de mirar a nuestro alrededor y buscar otros medios para dejar de ser individuos apáticos, conformistas, quejumbrosos y poco propositivos.
Responder


















Compartir