“Mueren 15 personas en un enfrentamiento en Teloloapan, Guerrero, entre ellos dos menores” (sin nombres), reportaba el periódico El Sur en sus páginas del viernes 18 de abril. Días antes una nota de La Jornada decía, “unos 610 niños muertos y 3,700 huérfanos deja el narcotráfico en México”, según cifras de la Secretaría de la Defensa Nacional; “427 habían sido reclutados por el crimen organizado, 110 murieron de manera fortuita en el fuego cruzado entre bandas rivales y de los cárteles con policías y 73 en ataques dirigidos a sus familias” (La Jornada 12/04/2009). Todos ellos ocurridos en un período de poco más de dos años. Los estados donde murieron fueron: 183 menores: Chihuahua, 43; Baja California, 26; Zacatecas, 23; Tabasco, 11; Tamaulipas, nueve; Michoacán, 17; Guerrero, 19; Sinaloa, 15; Durango, siete, y Nuevo León, 13.
La cifra de 610 dejó pensando a más de uno al leerla y no es para menos, esto sólo pasó en Centroamérica durante las guerras de El Salvador, Guatemala y Nicaragua en los ochenta y que recogió en su película Voces Inocentes, Luis Mandoki. México no es un país en guerra, es por ello que una cifra así alarma y debería poner en alerta a la sociedad. Que bien que la Sedena reveló estos datos, estarán contabilizados en estas cifras los niños que han muerto en los retenes militares y que por confusión fueron asesinados junto con sus familiares ¿Cuántos y quienes son? Tal como se dan a conocer estas cifras, sin mayores datos, se da a entender que todos están vinculados de una forma u otra con el crimen organizado.
Ojalá que ello no signifique ahora que los niños de regiones como Guerrero, Michoacán o Chihuahua se vuelvan sospechosos y hasta peligrosos. En los próximos días se festejará el día del Niño, un momento oportuno para que las organizaciones defensoras de los derechos de los niños puedan analizar más allá de estas cifras, ¿que está pasando con la niñez ante un fenómeno de violencia sin precedente que vive el país?

















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