Aunque se trate de una cirugía menor, uno no puede evitar pensar su vida de manera sinóptica cuando se encuentra debajo de las intimidantes luces del quirófano mientras que el aire acondicionado congela y quiebra la desnudez (despojada de erotismo) que descansa inanimada como una res recién salida del matadero. Una vez fuera y aun bajo el manto meloso que prolongan los residuos de la anestesia, se piensa en el porvenir con un optimismo sintéticamente inquebrantable, en las segundas oportunidades, en aproximaciones a resoluciones imposibles, etc. Ya recuperada la lucidez y mitigada la sonrisa de idiota, los artificios utópicos adheridos a ese futuro breve se esfuman en un abrir y cerrar de ojos, obligándonos a pensar que donde las desilusiones viven más cómodamente es dentro de nuestro estado de alerta.
1 comentario
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Los recuerdos se parecen más a lo llamomos “visiones” como en flasheos, que en una secuencia ordenada de imágenes. Y como toda la vida nos movemos por afectos, nuestro sistema de autodefensa acomoda las desilusiones o las también dolorosas ilusiones, en compartimentos que se puedan soportar. Gracias por compartir tu experiencia Ari.

¿Qué puedo hacer?