Quizás Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Pedro Aspe, Guillermo Ortíz, José Ángel Gurría, Jacques Rogozinski, Jaime Serra o cualquiera de esos podrían explicar en dónde quedó el dinero que “obtuvo México” de las privatizaciones de los últimos 18 años; a dónde se fueron tantos recursos por desprendernos de perlas como Telmex, Banamex, Bancomer, Aeroméxico, los ferrocarriles, etcétera (la lista es taaan larga que da güeva). Yo no lo sé, de verdad. No creo que el 99.9 por ciento de los mexicanos lo sepa. Lo único que nos quedó por la venta de esas empresas, es la duda. Y la certeza de que gente como Carlos Slim Helú o Roberto Hernández Ramírez, compradores, brincaron en pocos años a la lista Forbes de los más ricos del mundo. Entiendo muy bien que Pemex está desmantelada (por los saqueos); que nuestro sector energético pende de un hilo (por la negligente administración). Pero NO seré yo quien apoye la Reforma Energética de Felipe Calderón. NO, porque NO creo en él ni en sus amigos, ni en los de izquierda y mucho menos en los del PRI. Como dije: NO creo en los políticos. Riqueza petrolera hay; tenemos recursos en el subsuelo, aunque sea en aguas profundas. NO existe evidencia de que exista tecnología para que se pueda hacer un robo extraterritorial. Por lo tanto, pues que allí se quede ese petróleo guardado, si la condición es regalar, a los abusivos de siempre, lo que heredamos. Ya veo a Juan Camilo Mouriño, a Elba Esther Gordillo, a Carlos Romero Deschamps y/o a todos sus parientes ganones, juntos o por separado, nadando en litros de nuestros barriles. Mentirán todo lo que quieran; prometerán tanto como les permita la lengua, pero NO creo en los políticos mexicanos y NO me chupo el dedo: detrás de esas “caras bondadosas” (que hablan de los “beneficios” de privatizar tramos del sector energético “porque si no, nos carga la tiznada”) no hay sino gente poco ética dedicada a la rapiña. ¿Que Pemex necesita ayuda? Sí. Necesita gente honesta, visionaria; no regalarla porque “está en fierros”. Y esa gente digna, amigos, desgraciadamente no es la que dirige México, ni la que ha dirigido sus riendas en los últimos ya muchos años. Digan NO (y si quieren no voten en el DF, pero digan NO). Dejémosle algo a los nietos, a los hijos. No le demos manga ancha a los políticos, que esos, ya lo vimos, van a quedar conformes hasta que nos escurran la última gota de sangre… o, en este caso, de petróleo.
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