Que un ciudadano japonés haya decidido vivir en México, sin salirse del aeropuerto y provisto de un boleto de regreso, dice más de nosotros que de él mismo. Para empezar goza de un sitio seguro donde la mayorÃa de la gente y empleados se comportan como seres del primer mundo. Lo único que le ha impulsado a dejar su nicho protector es el Estadio Azteca. ¿Cuántos mexicanos en este paÃs comparten esa existencia, despreocupada del resto de los asuntos que laceran nuestra realidad, atrapados entre la tele, el futbol y dejar que el tiempo transcurra? Imagino que el secreto de la felicidad mexicana lo ha encontrado aquà este ciudadano, sólo que él nos lleva una ventaja: en caso de hartarse o ver la vaciedad de esa vida, cuenta con un boleto de escape hacia un mundo más ordenado, más limpio, y quizás igual, de indiferente que el nuestro
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¿Qué puedo hacer?