La web es efÃmera. O, más bien, mucho de lo que ahorita podemos encontrar en internet, dentro de dos años, tres meses o quince minutos, puede ya no estar más. A todos los que hemos pasado harto tiempo por estos lares nos ha pasado: una página que nos gustaba o resultaba interesante, de repente ¡ya no está! Esta es una de las caracterÃsticas de la web o, como dirÃa Aristóteles tal vez risueño, de “su naturaleza”. Sin embargo, hoy por hoy, el mayor cúmulo de información y datos se encuentra en la web. Es decir, aquello que sirve a los “investigadores del presente” y servirá a los “investigadores del futuro”. AsÃ, si bien es cierto que la gran empresa de “buscadores” se ha encargado de hacer un respaldo de todo lo que se encuentra (exacto: aunque borres tu blog, estos señores tienen registro de todo lo que escribiste), ahora parece imperativo que las instituciones educativas públicas tomen cartas en el asunto. Que las unversidades –cuantimás las públicas– pongan a un lado de sus bibliotecas y hemerotecas una “weboteca”. No se tratarÃa de poner más computadoras conectadas a internet, sino de tener una sección con computadoras que tengan almacenado de forma permanente todo –o por lo menos todo lo relevante– que hay en internet y todo lo que vaya apareciendo. De lo contrario, no sólo habrá un vacÃo enorme de información en nuestras universidades sino que es muy probable que, los investigadores de los próximos años tengan que pagar por la información que hoy se encuentra gratis.
Textos anteriores de Luis Felipe LomelÃ


¿Qué puedo hacer?