La señora se pone a jugar con sus niños y olvida que las ollas rebozan de comida casera que termina por quemarse en la estufa. Como solución, la abnegada madre propone pedir pollo frito por teléfono. La publicidad cierra con la familia reunida alrededor de unos grasosos recipientes de cartón y la cara de felicidad de los imberbes cuyas anchas sonrisas hacen entender que celebraron más que satisfechos el percance culinario de su progenitora. El comercial, transmitido casi con ironía en los descansos de la serie Dr.House, resulta ofensivo y hasta ilegal si uno lo confronta con la cruda realidad de un país como México, que va primero en las estadísticas de publicidad de comida chatarra y en donde el gobierno nacional ha iniciado una campaña para que sus compatriotas retomen las costumbres gastronómicas tradicionales y renuncie a los devastadores alimentos industriales. En una nación caracterizada por su variada y compleja cocina, el anuncio de marras no sólo está de más, sino que perjudica y ofende. No nos estamos poniendo dramáticos, es que nos gustan mucho los tamales y el atole.
2 comentarios
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Toda la razón en tu comentario, y a mi también se me hace incoherente ver algunos programas de revistas, dónde a cada minuto hablan sobre obesidad, sobre los programas que hay para combatirla, pero al segundo, meten a las 10 de la mañana sus ventas de pizzas, y pan dulce, entonces… buscan concientizar a la gente sobre este problema, o solo les interesa vender mas comida chatarra…
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Tienes toda la razón, los medios son culpables de fomentar esos anuncios, pero el gobierno es el verdadero culpable por no regular la publicidad por que interpretan indebidamente la libertad de expresión.
Felicidades Mónica por transmitir en los medios un pensamiento colectivo responsable.
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