Estoy cansada de corregir textos; cansada de repetir: esto es bueno, esto es malo, esta lÃnea tiene más fuerza, tu referente no me parece o qué se yo. Y la verdad, qué se yo. Quién me asegura que al corregir no le estoy quitando lo mejor al texto, incluyendo sus faltas de ortografÃa y sus sinsentidos. Al final, aunque un libro se encuentre lleno de lugares comunes, puede ser representativo para alguien. Cada persona puede asumir la responsabilidad de sus emociones y sus gustos; las emociones son las de cada individuo. De forma positiva, cuando dos personas tienen sentimientos distintos, eso les permite dialogar. ¿Que no? La no repetición es la diferencia que permite el diálogo. Corregir siempre es imponer algo: un discurso, una verdad, un sentimiento encima del que tengan el autor o el lector. Hace poco un amigo discutÃa sobre la palabra senos, explicaba que no le parecÃa que usaran senos en un texto, porque le recordaba a los senos nasales en vez de pensar en las glándulas mamarias, por decirlo de otra forma, por lo que siempre que encontraba senos la cambiaba inmediatamente por pechos.
En una conversación no se impone nada. Cuando señalo que algo es bueno, lo único que estoy haciendo es dividir, hago un recorte de lo que significa para mà lo bueno y lo malo. Es decir, yo sólo quiero ver:__________, y uno va haciendo su lista, desde los gustos para la música, el lenguaje, los amigos, etc. Uno va cortando posibilidades y se va perdiendo experiencias. Si digo quiero escribir sólo cosas que hablen de paisajes, ranas o polÃtica, y únicamente me quedo con eso, pierdo la capacidad de escribir de algo más. Si digo no me interesan los textos rosas, me pasa lo mismo. Una verdadera obra deberÃa desarrollarse de la misma manera en que vivimos y, por tanto, retratar una realidad, nuestra realidad. De esta forma estarÃamos conversando sin imponer, porque hablarÃamos desde nuestra experiencia, sea correcta o no para los demás. Un poeta que no se pone rojo cuando escribe no está escribiendo sobre el único motivo que importa, dirÃa Mario Montalbetti.
Cuando tomo un libro me encuentro el discurso del autor, la plataforma en la que se presenta el texto, la distribución; me posiciono en un ambiente, voy en el metro o estoy en un café, en una librerÃa o en mi casa; me encuentro conmigo, con que ayer rompà con mi chico o que mi mamá está molesta. Todos estos elementos nos dan una experiencia. Nosotros funcionamos a través de experiencias. La pregunta en curso es: ¿debo dejar de lado esta carga? ¿Dejar mis mil listas para apreciar las cosas? ¿Olvidarme del mar que vi en una pantalla de televisión para empezar a sentir el que está enfrente? La respuesta, mi respuesta, es no. Sólo hay que abrirnos y permitir que lo demás exista para entonces tener conversaciones y no un mundo lleno de gente que ve lo mismo en cada esquina.
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