Generación del “sí pero no”

Mauricio Torres

México, DF (1984). Periodista. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde desde 2005 ha sido asistente de profesor. Fue corresponsal de la revista electrónica Terra Magazine Latinoamérica, para la que reporteó temas de política, economía y sociedad. Durante tres años, de diciembre de 2006 al mismo mes de 2009, se desempeñó en la sección de Opinión del diario El Universal, en la que fue coeditor y colaboró en el blog e-joven. Actualmente labora en Grupo Editorial Expansión. Adicto al trabajo, obsesivo de la información y ocioso del lenguaje, sus textos pueden consultarse en el sitio mautorresc.blogspot.com.

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Propongo comenzar con un par de vistazos al mundo. El lunes, el diario español El País publicó un reportaje titulado “Generación ‘ni-ni’: ni estudia ni trabaja”. Según el texto, 54% de los ibéricos entre los 18 y los 34 años de edad “dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado”.
Tal apatía, explican sociólogos, obedece a la incertidumbre que sienten los jóvenes en temas como la pareja o el empleo, al igual que a problemas como los elevados índices de desocupación o que sólo 40% de los universitarios labore en una actividad acorde con sus estudios. Esto, a su vez, deriva en que prefieran vivir y disfrutar el “aquí y ahora” y en que tengan mayores dificultades para emanciparse de las que enfrentaron sus padres.
El viernes, por otra parte, The New York Times exhibía en su portal de internet el video “Generation R”, acerca de cómo ha cambiado la vida para los graduados de preparatoria durante esta época de recesión. La pieza relata que egresados de la West Carrollton High School, en Ohio, antes encontraban vacantes en muchas de las fábricas locales, pero ahora que éstas han cerrado debido a la crisis económica, los muchachos se topan con numerosos obstáculos para visualizar su futuro.
Las realidades mostradas en ambos trabajos me hacen ver que a nivel global, o al menos en Occidente, la juventud comparte varios retos; entre ellos: desempleo, desinterés y una base muy endeble para fincar un proyecto de vida. También me llevan a pensar en las distintas denominaciones que reciben los grupos generacionales a partir de las características que los unen.
¿Hemos revisado qué sucede en México? Aun con el riesgo de caer en una generalización desmedida, me parece que existen elementos para concluir que la media de los jóvenes mexicanos conforma lo que podríamos llamar generación del “sí pero no”.
Tenemos acceso relativamente sencillo a los medios de comunicación, a las nuevas tecnologías y a la globalización pero, al mismo tiempo, la capacidad de aprovechar esos beneficios se ve limitada por las brechas socioeconómicas y por nuestra propia falta de disposición para conocer e ir más allá de nuestros gustos inmediatos. Nos asumimos “de mente abierta” pero nos cuesta aceptar y tolerar a quien es, se viste o piensa diferente de nosotros. Iniciamos nuestra vida sexual cada vez a menor edad pero no logramos ejercerla con responsabilidad, los embarazos no deseados en adolescentes aumentan y, peor aún, persisten actitudes o costumbres cerradas que asignan roles establecidos a mujeres y hombres.
Queremos libertad respecto de la casa familiar pero, ya sea por conformismo o por falta de oportunidades, no cortamos el cordón umbilical. Exigimos con razón una eficiente conducción de parte de autoridades gubernamentales, escolares o laborales, pero solemos ser poco cooperativos a la hora de organizar, gestionar y realizar tareas.
Por si fuera poco, con el transcurso de los años aumenta el número de jóvenes que demandan ingresar a educación media superior o superior, o que entran a ella y se preparan académica y profesionalmente, pero ni la economía ni el país en su conjunto son capaces de generar el millón de empleos anuales que requerimos. Y esto, por supuesto, deviene en filas de desocupados, frustración, frenos al desarrollo y una bomba de tiempo que podría estallar como crisis social.
Originadas por errores en el Estado, por pesados lastres culturales o por la inmadurez de quienes la integramos, las contradicciones presentes en esta generación del “sí pero no” amenazan no sólo con hacernos perder un enorme potencial humano, sino con revertirse en contra de toda la nación. Por lo tanto, si no conseguimos hallarles una solución, los mexicanos nos lamentaremos de confirmar que si la juventud es un divino tesoro, nosotros lo hemos estado desperdiciando.


2 comentarios

  1. Joshavel agrega este comentario | Permalink

    Buenas tardes.

    ¡Volví! Jeje…

    Creo que tienes mucha razón, esta generación parece tener cosas a su disposición que antes no se tenían, y que sin embargo no saben (sabemos, pues) aprovechar.

    Es cierto que en todo el mundo la juventud parece ser más irresponsable y conformista ante los retos que nos han tocado enfrentar.

    A la vista de todos parecería que las oportunidades de desarrollo ahi están, desperdiciadas, pero… ¿hay alguien que nos haya enseñado o puesto el ejemplo de cómo salir adelante?

    No es un pretexto, por supuesto, ejemplos de singulares personas que han logrado hacer mucho con muy poco existen, sin embargo también es cierto que las oportunidades de buscar un desarrollo pleno que trascienda el simple deseo de supervivencia, de lograr desempeñar la actividad que nos apasione y cambiar desde esa trinchera el triste panorama que tenemos por delante, son pocas y mal empleadas.

    No debemos conformarnos con pretextar tiempos difíciles; es cierto, esta generacion tiene el reto de encarar duras crisis y salir avante, lo apoyo, pero tampoco es tan fácil ni todo es culpa de quienes no les queda más que observar y -a veces- seguir la corriente.

    Pongámonos las pilas, pero no sólo juzguemos, mejor propongamos.

    Muy bien!! Me has hecho pensar esta vez, un poco más, jaja.

    ¿Qué haces tú frente a estos retos?

    ¡Felicidades! Y Saludos.

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  2. Jessica García agrega este comentario | Permalink

    No podría estar más de acuerdo y agregaría que se esa falta de Fe también se muestra en el abandono de cualquier idea de Dios. En realidad no sólo la juventud, la sociedad entera en realidad cree no necesitar conocer a Dios y entonces ese espacio difícilmente se llenará con autoayuda, optimismo, dinero, salud, democracia o cualquiera de las creaciones humanas. No sólo lo digo yo, lo han comprobado científicos, artistas, escritores y personas con todo tipo de niveles de conocimiento. ¿Qué más necesita pasar para que dejemos de ser individuos que buscan la soledad a la vez que luchan con todas sus fuerzas por sobrevivir (sin ayuda de nadie) a ésta?

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