De los desplantes de Aerocalifornia a “Spa’ no ir”

Juan José Rodríguez

Juan José Rodríguez (Mazatlán, Sinaloa, en 1970.  Su libro más reciente es  La Casa de las Lobas (Plaza y Janés 2005). Actualmente es director de la revista de la Universidad Autónoma de Sinaloa y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

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Hace poco tiempo viajé a las islas Canarias y me tocó hacerlo en el mismo vuelo de Spanair que acaba de volverse una tragedia. Recuerdo que tuve conflictos a la hora de recoger mi boleto y la gentil dama madrileña que me auxiliara comentó que los servicios de esa línea eran pésimos, llenos de retrasos, al grado de que ellos le llamaban “Spa’ no ir”.

Acostumbrado a los desplantes de Aerocalifornia, la línea que da servicio a mi Mazatlán en horario nocturno, no dejé de preocuparme. ¿Hasta donde pueden entrar en conflicto los compromisos de seguridad y los intereses financieros? Si bien las normas son internacionales, del 11 de septiembre a la fecha las aerolíneas enfrentan graves retos por la crisis resultante. Ahora es más común que dejen varados a los pasajeros e incurran en sobreventa, debido a que han tenido que reducir su personal en gran medida.

En Tenerife, una de las islas Canarias, había acontecido en los años 70 el más grande accidente en la historia de toda la aviación. Ahora este nuevo accidente se une y  une los tres nombres de las tragedias más terribles de la aeronáutica en España: también en Barajas, en 1983, ocurrió el siniestro donde perdieran la vida Jorge Ibargüengoitia, Manuel Scorza, Angel Rama y Martha Traba… En los setentas hubo un accidente en Canarias; en los ochenta en Madrid; ahora un vuelo que unía ambos destinos los ha conjugado en un mismo destino, palabra que en inglés también significa final.

Ojalá de este horrible drama salgan nuevas lecciones de seguridad. Me enteré que antes del accidente en Tenerife, el capitán era en los hechos el amo absoluto de la nave y, según las grabaciones de la caja negra, uno de los capitanes implicados desoyó la tímida advertencia del joven copiloto, todo por su prisa en despegar de inmediato. Dicho capitán era una estrella y la imagen corporativa de su aerolínea en esa época.

A partir de ese momento se cambiaron los protocolos internos de la cabina y, si no hay acuerdo, el avión no despega.

Insisto: que de este vuelo surjan enseñanzas, medidas de seguridad y, sobre todo, no haya sitio para arreglos debajo de agua o por encima de la estratósfera.

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