“Feliz se desenvuelve en la vida”, pensamos cuando fuimos niños hasta que alguien nos paró en seco y nos dijo “Loco se levanta”. De alguna manera, los adultos nos las ingeniamos para echar a perder el virtuosismo y la inocencia de los niños, diciéndoles cosas como la frase anterior, o bien, restringiéndoles sonreír, cantar o saludar a la gente mientras van por la calle, máxime si van ellos solos.
Entiendo que es algo absurdo pedir que se regrese un poquito de espontaneidad de nuestras vidas, sobre todo si vivimos en una sociedad plagada de violencia y temor. Quizás esta vez estaría justificado que al niño se le pida que no haga todo lo anterior no tanto porque se vea ridículo frente a la gente, sino porque no estamos en épocas de llamar la atención de los demás.
Pero en nuestras casas, sí podemos cantar (tararear) mientras comemos… yo lo he hecho dos que tres veces y, a decir verdad… se siente chido.
Textos anteriores de Marlén Carrillo Hernández-Ferman


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